El fin de este mandato es que cada uno pueda poseer lo que le pertenece. En una forma
sencilla, este mandato nos dice que tenemos prohibido codiciar la propiedad de otros y,
por consiguiente, también debemos entender, que se nos ordena hacer lo necesario para
preservar y cuidar lo que justamente le pertenece a cada persona.
Debemos considerar que lo que a una persona le pertenece, sea lo que sea, no le fue
otorgado por pura suerte, sino porque Dios mismo se lo ha dado