En el último año, nos hemos sumergido en la rutina sin hacer preguntas esenciales: ¿Dónde estábamos hace un año? ¿Cómo éramos entonces? ¿Quiénes nos rodeaban y cuáles eran nuestras metas? Este cuestionamiento se vuelve crucial en medio de la vorágine de información y comparaciones constantes. La reflexión nos invita a detenernos, ser conscientes del presente, apreciar lo recorrido y comprender que estamos en un constante proceso de cambio. A través de esta pausa, podemos agradecer, planificar estrategias y reconocer nuestras propias capacidades, celebrando el camino recorrido y aceptando que avanzar un paso a la vez es clave.