¿Cómo hacen estos tipos para ser felices? ¿Qué tienen ellos que no tenga yo? ¿Por qué, a pesar de los problemas, esas personas viven sonrientes? ¿Qué he hecho yo para merecer esta suerte? Estas y otras preguntas por el estilo taladraron mi cerebro durante años. Me quitaron el sueño, la tranquilidad, la paz y convirtieron mi vida en algo insufrible, me pusieron al borde del abismo.
Lo que más me mortificaba era darme cuenta de que hacía lo mismo que ellos, pero con unos resultados opuestos. Trabajaba de sol a sol, me esforzaba al máximo y hacía sacrificios, pero cuando llegaba el final del mes mi cuenta bancaria reflejaba una realidad diferente a la que yo esperaba. El dinero no me alcanzaba, no podía darme lujos, las deudas me tenían atrapado.
Estoy seguro de que conoces a alguien que ha estado (o está) en esta situación, o quizás tú mismo estés en este espiral sin fin. Lo que más me angustiaba era que no comprendía qué era lo que marcaba la diferencia entre mi vida y la vida de otros, de los felices, si al final de cuentas hacíamos lo mismo. Cada noche, esa idea me molestaba, me provocaba pesadillas, y no podía evitarlo.