Daniel 3:8-30 narra la historia de Sadrac, Mesac y Abednego, tres jóvenes judíos que se negaron a adorar una estatua de oro erigida por el rey Nabucodonosor en Babilonia. A pesar de la amenaza de ser arrojados a un horno de fuego, se mantuvieron fieles a su Dios y no adoraron la estatua. Enfurecido, el rey ordenó que fueran arrojados al horno, el cual fue calentado siete veces más de lo habitual. Sin embargo, cuando el rey miró al horno, vio a cuatro hombres caminando sin sufrir daño alguno, y uno de ellos tenía una apariencia divina. Al ver esto, Nabucodonosor alabó al Dios de los tres jóvenes y decretó que nadie podría blasfemar contra Él. Finalmente, Sadrac, Mesac y Abednego fueron promovidos a altos cargos en Babilonia.