Conocer la verdad no siempre es cómodo. A veces nos confronta, nos muestra lo que evitábamos mirar, nos invita a soltar lo que ya no nos sirve y a abrazar lo que realmente da vida. Pero al mismo tiempo, es profundamente liberador. Porque la verdad no llega para acusar, sino para iluminar; no llega para aplastar, sino para levantar; no llega para limitar, sino para abrir caminos que antes no veíamos. Cuando la verdad entra, el miedo pierde fuerza, la confusión se disipa y el corazón encuentra un punto firme donde descansar.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.