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Description

Cuando miramos nuestra historia con honestidad, descubrimos que muchas de nuestras mayores transformaciones nacieron en momentos de quiebre. No fueron los días fáciles los que nos hicieron crecer, sino aquellos en los que tuvimos que detenernos, respirar y reconocer que no podíamos seguir solos. En la derrota aprendemos humildad, dependencia, sensibilidad. Aprendemos a escuchar la voz de Dios con más claridad, porque el ruido de nuestras propias fuerzas se apaga. Aprendemos a soltar lo que no nos sirve, a dejar ir lo que nos ata, a confiar en que Dios puede levantar algo hermoso incluso de las ruinas.

Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.