hay hábitos que se van formando en silencio, casi sin que nos demos cuenta. Se deslizan entre nuestros días como pequeñas grietas que parecen inofensivas, pero que con el tiempo comienzan a debilitar nuestra paz interior. A veces nacen del cansancio, otras del miedo, otras de heridas que nunca terminamos de mirar de frente. Y sin darnos cuenta, esos hábitos empiezan a moldear nuestra manera de pensar, de sentir, de reaccionar. Nos roban la calma, nos desconectan de nuestra esencia y nos alejan de la vida plena que Dios desea para nosotros.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.