Vivir como embajadores de Cristo también significa comprender que nuestra vida tiene un propósito mayor que nuestras propias metas o preocupaciones. Somos enviados a un mundo que necesita esperanza, paz y dirección, y Dios ha decidido confiar en nosotros para llevar ese mensaje. Esto no es una carga, sino un privilegio: ser portadores de una presencia que transforma, de una gracia que restaura, de un amor que sana. Cada día, en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo que parece insignificante, tenemos la oportunidad de representar a Cristo con autenticidad. A veces será a través de palabras, otras a través del silencio, otras a través de un acto de bondad que nadie ve. Pero en cada gesto, Dios se hace presente.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.