El poder de la gratitud no depende de las circunstancias, sino de una decisión espiritual. Dar gracias en todo nos guarda de la queja, sana el corazón y nos recuerda que Dios está presente incluso cuando no entendemos el proceso. Un corazón agradecido se vuelve sensible a la voz de Dios y aprende a confiar en Su propósito eterno.