Hay un punto en la vida donde ya no sirve seguir pidiendo permiso. No para cambiar, no para sanar, no para levantarte. Ese punto llega cuando descubres que nadie vendrá a rescatarte, y que la única mano que realmente puede sacarte del abismo es la tuya.Transformarse no es volverse alguien nuevo. Es recordar quién eras antes de que el mundo te llenara de ruido, antes de que te enseñaran a dudar de tu propia voz. Transformarse es volver a casa.La gente cree que cambiar es añadir cosas: hábitos, libros, frases. Pero la verdadera transformación es lo contrario: es quitar, soltar, desprogramar. Es arrancar de raíz lo que ya no vibra contigo y quedarte solo con lo esencial.No necesitas que te entiendan. No necesitas que te aplaudan. No necesitas que te sigan. Lo único que necesitas es decidir. Porque la transformación empieza en el instante exacto en que dices: “Hasta aquí. Hoy empiezo de nuevo.”Y cuando lo haces, el mundo cambia contigo. No porque el mundo sea distinto, sino porque tú ya no eres el mismo que lo mira.
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