Noemí, una mujer quebrantada por la pérdida, no ora pidiendo para sí misma, sino intercede por otros desde su propio dolor. Su oración es breve, sencilla y profundamente teológica: invoca la misericordia (hesed) de Dios y el descanso que solo Él puede dar. Noemí no imagina que esa bendición iniciará una cadena de redención que culminará en la línea mesiánica.