Este pasaje ocurre después de que Abram rescata a Lot y recibe la bendición de Melquisedec. Dios le había prometido una gran descendencia (Génesis 12:2), pero Abram aún no tenía hijos. En su diálogo con Dios, Abram expresa sus dudas y preocupaciones, algo que humaniza su fe y revela su relación íntima con el Señor.