Llega el verano y con él… la presión. La presión de estar “lista”, de esconder lo que no encaja, de sentir que tu cuerpo tiene que cumplir con una expectativa que nadie pidió, pero todas sentimos.
Hoy queremos hablarte desde la verdad, desde lo que nos pasa a muchas: los complejos, las comparaciones, la lucha con el espejo. Y también, desde ese lugar donde aprendemos a soltar, a abrazarnos, a mirar el cuerpo no como un enemigo, sino como un hogar. Porque no hay cuerpos de verano. Hay cuerpos vivos. Y eso ya es suficiente.
"Tu cuerpo no necesita permiso para existir en verano, ni excusas para disfrutar. No viniste a esta vida a encajar en un molde: viniste a vivir, a sentir, a ser.
Y eso, también se ve hermoso.”