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Hoy estaremos leyendo Éxodo 1-2, Mateo 22:23-46 y el Salmo 22:19-31. Comenzamos con Éxodo 1-2, donde vemos el inicio de la historia de la redención de Israel. En Éxodo 1, los israelitas, aunque están bajo opresión en Egipto, se multiplican y crecen como nación. Faraón, temeroso de su número, ordena matar a todos los niños varones al nacer. Sin embargo, en medio de esta opresión, Dios actúa a través de dos parteras valientes, Sifrá y Fuvá, quienes temen a Dios y desobedecen las órdenes del faraón. Esto nos recuerda que incluso en tiempos oscuros, Dios levanta personas para cumplir Sus propósitos.

En Éxodo 2, conocemos a Moisés, quien es salvado de las aguas del Nilo por la hija del faraón y criado en su casa. Más adelante, Moisés huye a Madián después de defender a un hebreo y, aunque está lejos de su pueblo, Dios lo está preparando para la misión que cambiará la historia de Israel. Reflexiona: ¿Estás confiando en que Dios puede usar incluso los momentos más difíciles para cumplir Su propósito? ¿Cómo estás respondiendo al llamado de Dios en tu vida?

Pasamos ahora a Mateo 22:23-46, donde Jesús responde a preguntas difíciles de los saduceos y fariseos, demostrando Su sabiduría y autoridad. Los saduceos intentan atrapar a Jesús con una pregunta sobre la resurrección, pero Jesús les responde en el versículo 32: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos". Aquí, Jesús afirma la esperanza de la resurrección y la realidad de la vida eterna.

Más adelante, un fariseo le pregunta cuál es el gran mandamiento de la ley, y Jesús responde: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo 22:37-39). Este pasaje nos recuerda que toda nuestra vida debe estar centrada en amar a Dios y reflejar ese amor en nuestras relaciones con los demás. Reflexiona: ¿Estás amando a Dios con todo tu ser? ¿Estás amando a tu prójimo como una extensión de tu amor por Dios?

Finalmente, llegamos al Salmo 22:19-31, donde el salmista, después de clamar por ayuda en medio del sufrimiento, declara confianza en la salvación de Dios. En el versículo 24, dice: "Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó". Este pasaje nos recuerda que Dios escucha nuestro clamor y responde con misericordia.