Hoy estaremos leyendo Génesis 11-12, Mateo 2-3, y Salmo 2. Comenzamos con Génesis 11, donde encontramos la historia de la torre de Babel. Este evento es un claro ejemplo de cómo la humanidad, en su orgullo, buscó su propia gloria en lugar de la de Dios. Génesis 11:4 dice: "Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra". En lugar de obedecer el mandato de Dios de llenar y gobernar la tierra, los hombres decidieron unirse en su rebeldía. Esto nos recuerda que el orgullo y la autosuficiencia nos alejan de los propósitos de Dios. Sin embargo, en medio de esta confusión, Dios sigue siendo soberano y cumple Sus planes. Reflexiona: ¿Hay áreas en tu vida donde estás buscando tu propia gloria en lugar de la de Dios? Hoy es una oportunidad para rendir nuestro orgullo y volver a Sus caminos.
En Génesis 12, la narrativa cambia drásticamente cuando Dios llama a Abram, quien luego sería conocido como Abraham. Génesis 12:1-3 dice: "Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición". Este llamado de Dios es un acto de gracia y de elección soberana. Abram no fue llamado porque era perfecto, sino porque Dios tenía un plan eterno de bendición para todas las familias de la tierra a través de él. Esto nos enseña que la fe requiere obediencia, incluso cuando no tenemos todas las respuestas. Dios nos llama a salir de nuestra zona de comodidad y a confiar en Su dirección. Pregúntate: ¿Estás dispuesto a responder al llamado de Dios en tu vida, incluso cuando no veas el camino completo?
Pasamos ahora a Mateo 2, donde leemos la historia de los magos que buscan a Jesús y de cómo Dios protegió al niño en medio de amenazas. Mateo 2:10-11 dice: "Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra". Esta escena nos muestra cómo Dios guió a los magos desde tierras lejanas para adorar al Rey recién nacido. También nos recuerda que Jesús no es solo el Salvador de Israel, sino el Salvador de todas las naciones. ¿Estamos dispuestos a buscar a Jesús con la misma dedicación y reverencia? Además, la obediencia de José, guiado por sueños divinos, nos enseña que Dios cuida de Sus planes y de Sus hijos en todo momento.