La piedad no surge por casualidad; se cultiva mediante la gracia y la disciplina. En 1 Timoteo 4:7, el apóstol Pablo le ordena a Timoteo que se ejercite en la piedad, mostrándonos que la madurez espiritual requiere un esfuerzo intencional, impulsado por la gracia, y no una espiritualidad pasiva. Esta semana veremos que, antes de poder ejercitarnos correctamente, debemos rechazar con firmeza ciertas cosas. Rechazar lo que nos distrae espiritualmente abre el camino a prácticas disciplinadas a través de las cuales Dios forma una piedad sólida y centrada en Cristo, una piedad que transforma nuestras vidas ahora y nos prepara para la eternidad.