Tomarnos unos minutos para reflexionar dónde estamos y a dónde queremos ir, no es frenarse ni menos retroceder, sino que se trata de tomar un nuevo impulso para continuar con la carrera.
Todo cambia todo el tiempo. Todos cambiamos todo el tiempo. Y allá afuera todo cambia también.
Pretender que el contexto de variables o relaciones que compartimos con el mundo se mantengan inalterables es imposible. Quizás era más previsible todo hace 50 años atrás, pero ahora es imposible.
Hoy todo es volátil, incierto, complejo y ambiguo. Al borde del caos. Aunque podemos pensar que desde el borde empieza el caos, pero nuestro centro no lo debería ser.
Lo obvio ya no es tan obvio. Lo rápido ahora es lento. Lo estratégico queda ya obsoleto. Solo permanece constante nuestro compromiso con nuestro propósito y en consecuencia el conjunto de metas para lograrlo.