Querida mía,
¿Cómo estás?
Sabes, me gustaría mucho saber cómo estás. Imagino que es parte de esa ansiedad que nos caracteriza a los seres humanos: el siempre querer estar un paso más adelante de donde estamos hoy.
Puede que también sea porque el “donde estamos hoy” no es como hubiésemos querido que fuera, así que siempre estamos buscando una forma de repararlo, de hacerlo mejor, de no dejar que la quietud del presente nos domine.
El presente… siempre hablo del presente, pero debo confesar que no sé qué tanto vivo en él. Verás, mis días pasan últimamente en una búsqueda inalcanzable de escenarios futuros.
Cómo me gustaría haber pasado esta fase de tratamientos médicos, citas y medicamentos.Cómo me gustaría mudarme, ir a un nuevo lugar y comenzar nuestra nueva vida.Cómo me encantaría comenzar un proyecto nuevo.
Pero mientras todos esos “cómo me gustaría…” llegan a ser ciertos, debo vivir en este presente.
Quiero aprovecharlo, te lo juro. Quiero sentirlo como mío y vivirlo día a día sin pensar en el futuro, pero no es tan fácil.
No sé si te pasa, pero muchas veces el deseo de cambio se vuelve una constante y no podemos ver el presente.
O quizás mi presente ahora volvió a la rutina.Una rutina diferente, pero una rutina al fin.
Admiro a las personas que pueden vivir sus vidas de la misma forma cada día sin que eso les perturbe. Para algunos, esa estructura es seguridad y les da paz.
A mí, por el contrario, la estructura rígida me da cringe.
Y no es que no haya estructura en mi vida en general. De hecho, hay ciertas cosas para las que no puedo vivir sin estructura, al menos ahora. Y eso me hace pensar en si estoy envejeciendo.
La limpieza y el orden… es como si no pudiera hacer nada si no está todo en orden. Muchas veces hago la vista gorda y pienso: no se va a caer la casa si hoy no aspiro, o si no doblo esa ropa, o si no recojo las cacas del patio producto de mi amado perro hoy…Pero luego pasa algo. Siento ese peso, como de que algo no está encajado.
Hago lo que tengo que hacer, sigo mi vida, pero esa sombra de “esto no está hecho”, “falta aquello”, es como si no me dejara en paz.
Me siento tal cual Monica Geller.
Querida mía,estas cartas que te envío desde este presente muchas veces se sienten como desahogos desesperados —jajaja—, pero ¿sabes algo? Creo que son mi forma de decirme a mí misma: todo está bien.
Como siempre digo, para mí escribir es más una terapia. Una forma de procesar mi presente, de dejar lo que me molesta, lo que me frustra, lo que no entiendo, en estas letras que viajan lejos de aquí.
Querida mía, como siempre me despido de ti con amor, pero sobre todo me despido de ti con esperanza.Todo eso que nos molesta ahora, todo eso que no entendemos ahora, lo vamos a comprender allá, en el futuro a donde van estas letras.Y allí, tal vez… solo serán eso: letras.
Con amor,Tu yo del presente.