El mercado lee mal la era de la física
El consenso ve la nueva ola tecnológica, fusión nuclear, bioingeniería, nuevas químicas de baterías, como ciencia especulativa para fondos de riesgo con paciencia infinita. Están equivocados. Lo que está ocurriendo es una migración de capital institucional hacia activos pre-líquidos en sectores que el mercado público aún no tiene en precio. Veronorte lleva 15 años construyendo exposición a 500 compañías tecnológicas en Estados Unidos a través de 24 fondos. América Latina registra menos del 1% de las patentes de alto valor globales mientras que Estados Unidos concentra el 34%. Esa brecha no es un dato de cultura tecnológica. Es la prima de retorno disponible para el inversionista latinoamericano que diversifica hoy.
La implicación concreta: el acceso a venture capital en etapas tardías (Series B y C) con tickets desde $500,000 dólares es ahora viable desde la región. El que espere a que estos activos coticen en bolsa, habrá pagado ya la prima de descubrimiento.
La física tarda en llegar al mercado público. Llega primero al portafolio del que se movió antes.
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* América Latina produce menos del 1% de las patentes de alto valor globales. El capital de la región ya encontró la respuesta. Lo que nadie ha calculado todavía es cuánto vale entrar antes de que el mercado público lo descubra.
* Netflix cayó 9% en after-hours. Reed Hastings deja la junta. El mercado está leyendo esto como una señal de alarma. Yo lo leo distinto.
* Burry acumulando software golpeado, Stellantis apostando su transformación a Microsoft, y TSMC como termómetro real del ciclo de IA.
* John Doerr lleva décadas aplicando OKRs en Silicon Valley. Lo que aprendí de su charla sobre metas no tiene que ver con los negocios.
El 1% que lo explica todo
El capital latinoamericano está migrando. No hacia bienes raíces en Miami ni hacia bonos del Tesoro. Está migrando hacia fusión nuclear, bioingeniería, geotermia y nuevas químicas de baterías a través de fondos de venture capital en Estados Unidos. Veronorte, gestora fundada en Medellín en 2011, lleva más de $100,000,000 dólares invertidos con exposición a cerca de 500 compañías tecnológicas mediante participación en 24 fondos de alto nivel, con capacidad conjunta de inversión cercana a $8,000 millones de dólares.
El primer orden es descriptivo: family offices latinoamericanos están diversificando fuera del riesgo soberano de la región. No es una tendencia colombiana. Es un fenómeno continental que se acceleró en los últimos tres años y que las generaciones más jóvenes de herederos están impulsando con preguntas distintas a las de sus padres.
El segundo orden es estructural: América Latina produce menos del 1% de las patentes de alto valor globales mientras Estados Unidos concentra el 34%. Esa brecha no es cultural. Es la razón matemática por la que el retorno ajustado al riesgo de invertir en el ecosistema tecnológico estadounidense desde la región sigue siendo asimétrico a favor del inversionista que se mueve temprano.
El tercer orden es el que nadie tiene todavía en precio: los sectores que hoy concentran mayor flujo, salud, defensa, energía avanzada y bioingeniería, son exactamente los que están pasando de laboratorio a aplicación comercial en esta década. El inversionista que espere a que estos activos lleguen al mercado público pagará la prima de descubrimiento completa.
América Latina aporta menos del 1% de la innovación global y consume el precio que otros fijaron. La única salida es entrar antes de que el mercado lo descubra.
Adiós Reed Hastings…
Netflix reportó ingresos de $12,300 millones de dólares en el primer trimestre, un crecimiento del 16% que superó estimaciones. Las ganancias por acción del trimestre llegaron a $1.23 contra los 76 centavos proyectados. El mercado debería estar festejando. En cambio, las acciones cayeron más de 9% en after-hours por una guía de segundo trimestre que proyecta ganancias de 78 centavos por acción frente a los 84 centavos que esperaba Wall Street.
Aquí el mercado confunde la película. Una guía conservadora en un contexto donde acaban de elevar precios de suscripción en $2 dólares adicionales al mes no es una señal de debilidad estructural. Es gestión de expectativas. Netflix sabe exactamente lo que hace con su guía.
La salida de Reed Hastings de la junta directiva tras 29 años agrega volatilidad emocional a la lectura. El mercado ve el fin de una era. Lo que en realidad ocurre es la normalización de una empresa que ya no necesita a su fundador en funciones de gobernanza activa para defender su tesis. Netflix tiene 300 millones de suscriptores, poder de fijación de precios demostrado y un negocio de publicidad que aún no ha llegado a su masa crítica.
El reencuadre correcto: una empresa que crece ingresos al 16%, que acaba de elevar precios con retención sostenida, y que cotiza con múltiplos razonables respecto a su flujo de caja libre, no merece una corrección de 9% por una guía conservadora de un trimestre.
La volatilidad post-earnings de Netflix es la puerta de entrada, no la señal de salida. El negocio sigue intacto.
Es la concentración que tiene Estados Unidos de todas las patentes de alto valor globales.
Lo que el dato dice no es que América Latina innova poco. Lo que dice es que el retorno disponible para el inversionista latinoamericano que accede al ecosistema de innovación en Estados Unidos es estructuralmente asimétrico. El diferencial no se cierra invirtiendo en la región. Se aprovecha saliendo de ella.
* Burry huele sangre en el software
Michael Burry, el mismo que anticipó el colapso inmobiliario de 2008, publicó esta semana en Substack su tesis sobre el software empresarial golpeado. Su argumento: la caída reciente en acciones de empresas como PayPal, Adobe, Salesforce, Autodesk y Veeva fue técnica, no fundamental. El mecanismo detrás del desplome fue un ciclo de retroalimentación entre la caída de precios y el estrés en deuda bancaria vinculada a empresas de software con crédito privado. Los inversionistas minoristas llevan dos meses retirando capital de fondos de crédito privado y parte de ese capital estaba apalancado en software. Burry abrió una posición de 3.5% en PayPal y tiene participaciones activas en cuatro compañías adicionales. Lo que une a todas: ninguna depende del mercado de crédito privado para su operación.
Lo que importa: cuando el mejor corto del mundo empieza a comprar largo, vale la pena leer la letra chica de su tesis.
* Stellantis le apuesta a Microsoft y no a su propio equipo
Stellantis firmó una alianza estratégica de cinco años con Microsoft que incluye más de 100 iniciativas de IA en ventas, atención al cliente y operaciones. El acuerdo contempla migrar sus sistemas a Azure para reducir en 60% su infraestructura de centros de datos para 2029, además de dotar a sus 20,000 empleados iniciales con licencias de Microsoft 365 Copilot. Para una automotriz que ha perdido terreno frente a marcas chinas con avances acelerados en software embebido, la señal es clara: construir capacidad tecnológica propia ya no es opción realista en el horizonte competitivo relevante. Lo interesante no es el acuerdo: es que el sector automotriz tradicional reconoce abiertamente que su ventaja competitiva ya no reside en el motor.
Lo que importa: cuando las automotrices de combustión firman con Microsoft, el diferencial tecnológico frente a BYD y sus pares chinos se vuelve la pregunta correcta.
* TSMC como árbitro del ciclo de IA
Más allá de sus números, TSMC es hoy el termómetro más confiable de la demanda real de IA. No el sentimiento del mercado, no las promesas de los CEOs en conferencias: la demanda real que se manifiesta en órdenes de fabricación de chips de vanguardia. Que sus fábricas corran a plena capacidad con margen bruto en expansión mientras una guerra regional afecta su cadena de suministro de gases es la señal más sólida de que el ciclo de infraestructura de IA no está sobrevaluado en sus fundamentos. Lo que puede sobrevaluarse son las valuaciones de las empresas que prometen beneficiarse de esa infraestructura sin haberla ganado todavía.
Lo que importa: separar la infraestructura de IA, larga en TSMC, ASML, y similares, de las promesas de aplicación, donde la selección importa mucho más.
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La diferencia entre hacer cosas y lograr lo que importa
John Doerr lleva décadas aplicando OKRs en las empresas más valiosas del mundo. Su charla en TED sobre metas no es lo que parece. No es una lección de productividad. Es una pregunta incómoda: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Doerr distingue entre metas que miden actividad y metas que producen impacto. Recuerdo el año en que construí métricas perfectas para todo lo que hacía, y al final del año me pregunté para qué había servido tanto movimiento. Las metas vacías son más peligrosas que la ausencia de metas porque te dan la ilusión de avanzar.
El ejercicio concreto: antes de escribir tu próxima meta, pregúntate qué cambia en tu vida o en la de otros si la alcanzas. Si la respuesta no es clara, la meta está mal planteada. Medir no es lo mismo que importar. Ve el video completo aquí →
Mañana
La temporada de reportes corporativos entra en velocidad de crucero. Hay una empresa cuyas cifras cambiarán la narrativa sobre si el consumidor americano ya está sintiendo el peso de los costos energéticos. Mañana te cuento cuál es y qué leer entre líneas.