El paso de la infancia a la niñez está
marcado por una serie de cambios psicológicos y emocionales que coinciden con
un momento crucial en el desarrollo humano. En este proceso, el niño comienza a
distanciarse emocionalmente de sus padres, quienes antes representaban su única
fuente de seguridad física y psicológica. Este alejamiento se debe, en parte, a las desilusiones que los niños
experimentan cuando descubren las limitaciones y defectos de sus progenitores.
Este descubrimiento, aunque doloroso, es esencial para que los niños desarrollen autonomía
y busquen satisfacción emocional en relaciones fuera del círculo familiar.