Listen

Description

El evangelio de hoy nos revela la dinámica pascual que va tiendo este tiempo que vivimos en la Iglesia y nos presenta un modelo de creyente-discípulo que es Tomás, uno de los doce. El texto nos dice que Jesús se presenta, él no está y a la vez siguiente, ahora sí estando Tomás, ve a Jesús y cree en Él. Tomás es el prototipo de discípulo que se mueve en la lógica del “ver para creer”. Sin embargo, Jesús, llama nada más ni nada menos que “¡Felices!” a los que no viendo, crean.

Esto ciertamente nos puede parecer raro o por lo menos paradójico. Per va muy de la mano con la mentalidad del mundo con la que muchos de nosotros hoy en día vivimos. En la premura del día a día de todos los días, corriendo atrás de las cosas y muchas veces sin tiempo para casi nada, vertimos nuestra existencia en vértigo y vorágine. Esto no solo nos hace correr detrás de las cosas, sino que son sumerge en un profundo materialismo: si yo no veo, no creo. Tengo que ver, palpar, oír, sentir, presenciar las cosas para que esas cosas sean dignas de fe. Es el mundo hipermoderno donde todo es líquido, virtual, mediado, pero que a la vez nos lleva a considerar como ciertas las cosas que podemos ver, que podemos escuchar, que podemos medir, que podemos en definitiva manejar. Ahí nos sentimos seguros. Cuando creemos que podemos manejar y manipular las cosas que nos entran por los sentidos. Y ahí le encontramos respuesta o explicación a otro. Es lo que podemos llamar el mundo de la inmanencia. Tomás es de esta clase de persona. Es el que necesita “pruebas” para poder confirmar si va a creer o no.


En cambio Jesús nos invita en esta Pascua a poder convertirnos y cambiar el paradigma: ya no movernos en el “ver para creer” tan propio de Tomás, nosotros y el mundo hipermoderno en el que nos vivimos y existimos, sino dar el Paso –y eso significa la palabra Pascua- al “creer para ver”. Esto nos puede parecer insólito. Hasta absurdo, podría pensar alguno. O ingenuo, dirá uno al pasar.


Lo cierto es que hay cosas que vivimos en nuestra vida cotidiana, también del día a día de todos los días, que no se pueden ver, escuchar, palpar, medir ni ponderar científicamente. Por ejemplo la amistad. El amor. La pasión. El estar enamorado. El dolor y el sufrimiento. La angustia. Los recuerdos. La memoria. Las emociones. Los sentimientos. Todo esto “no se ve” a primera vista. Y muchas veces se ven luego de creer en ellos. Para “ver” la respuesta por sí o por no de ese chico o esa chica que me gusta, tengo que creer, tengo que tener fe, tengo que confiar. ¿O no? Eso que pareciera una cosa chiquita tiene para nosotros una relevancia muy importante: hay cosas que no puedo medir, no puedo mensurar, no puedo manipular, no puedo manejar a mi modo y a mi manera.


De este modo entendemos que hay cosas que están más allá de nuestros sentidos y más allá de nosotros mismos. Cosas que no podemos manejar y así nos sacan de la inmanencia. Pascua es también ir entrando en la lógica del Evangelio predicado por Jesús, mirando como mira Jesús y amando como Él ama. Para pasar de la inmanencia a la trascendencia tenemos que cambiar nuestra mentalidad, nuestra lógica y nuestro modo de vivir. Pascua será pasar del “ver para creer” al “creer para ver”: porque tengo fe en Jesús, en su prédica, en los valores y en cosas que no se pueden “ver”, prefiero elegir el camino de la fe y la confianza para que Jesús me abra los ojos y por medio de su gracia, aprenda a ver.


¡Lindo desafío este! Es es lo que nos enseña el evangelio de este domingo: cambiar nuestra mentalidad para pasar del “ver para creer” al “creer para ver”


Hermano y hermana, que tengas un lindo domingo en esta Pascua y que Jesús te conceda la gracia de todo corazón