El relato de la Pasión de Jesús según san Mateo que escuchamos y leemos en este Domingo de Ramos es una de las narraciones más importantes de todo el Evangelio.
Jesús encara definitivamente el sentido último de su misión y de su venida a este mundo: entiende que si quiere ser coherente con toda su prédica del Reino, del amor al prójimo, vivir los valores, del amor a los enemigos, de poner la otra mejilla, de vivir conforme a las Bienaventuranzas y no solo a los mandamientos, tiene que entregar su vida por amor una última vez.
Creo que esto es lo decisivo de toda la lectura de la Pasión de Jesús. Toda su vida, desde el momento mismo de la Encarnación ha sido vivir en permanente actitud de servicio a los demás, privilegiando a los pecadores, los pobres, las prostitutas, los publicanos, los enfermos, los excluidos, los enfermos. Toda la vida de Jesús es una permanente entrega a favor y por amor a los demás. Es lo que llamamos la “proexistencia”: vivir permanentemente a favor de los demás llegando incluso al olvido de uno mismo. Jesús es el colmo de la renuncia del “todo-para-mí” a favor del “todo-para-los-demás”. Así vive Jesús su vida. Así se pasa la vida Jesús: amando a sus hermanos, existiendo a favor de los otros y no buscando el beneficio propio. Jesús es el que logra entender que el sentido de la vida, el sueño de Dios para cada ser humano es justamente no guardarse la vida para uno sino entregarla por amor a los demás.
Por ese motivo va a la Cruz. Por eso va a padecer. Por eso en definitiva va a morir. Va a aprovechar la traición del amigo, el proceso jurídico más injusto de la historia, los golpes, los insultos, la flagelación, la corona de espinas, las burlas, todo el dolor, toda la impotencia, toda la Cruz, para usarlo como elemento de salvación humana. Dios nos salva del Pecado por la muerte injusta de Jesús, que Dios rechaza y no quiere, pero que Jesús elige para que ninguna situación de injusticia, de traición y de muerte quede sin ser asumida por Dios. Dios elige morir para que el hombre no muera y viva.
Por eso me parece importante destacar que lo que mueve a Jesús a realizar la última entrega por amor en este mundo, no es un absurdo, ni es una prueba del Padre, ni es el amor masoquista a la tortura, el castigo y los clavos. Lo que motoriza y motiva a Jesús a entregar en la Cruz su vida es el amor. Y no un amor genérico. Es el amor que siente por vos, por mí, por todos y cada uno de todos los hombres que hemos existido, existimos hoy y vamos a existir. Por los siete mil millones de varones y mujeres que caminamos a diario los caminos de este mundo. Dios elige morir en el escarnio de una Cruz porque yo, para Dios, soy importante. Yo, para Dios, valgo la pena. Mi vida, con todo lo que implica, con sus luces y sombras, con sus alegrías y tristezas, con sus dolores y esperanzas, con sus heridas y liberaciones, para Dios son importantes. ¡Yo a Dios le importo!
Que Dios te regale una linda Semana Santa, la más linda, santa e importante de todas las semanas.