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Este día, uno de las últimas antes de que mi mujer empieze a trabajar voy a daros un poco de información del ambiente de la casita. Primero, disculpenme por no haber publicado algo más que una pequeña tentativa de poesía. Y también quiero decir bienvenidas a dos de mis más fieles lectoras de mi blog, ¡Lorena y Susana! Este verano decidí hacer todas las cosas que me han cazado durante años y que me han causado mala y intranquila conciencia. Cosas como corregir los caños del tejado para que el agua corra y n gotea en la cabeza si uno pasa cuando llueve o corregir el paso de la escalera de la casita que parece venirse abajo cada vez que se va en ella. Y muchas otras cosas.. muchas… muchas. Como poner la letrina en el abono, que no era tan fácil que pensaba.
Es así. Tenemos un retrete y no servicios con agua donde la casita. Lo más común es que tener baño en su casita y una cisterna que se vacía cuando está llena (cuesta 130 euro cada descarga) y no somos hecho de dinero y somos ecologistas que queremos vivir en una pequeña escala. Algo que puede resultar un poco peligroso….
Era así. Para poner el contenido de la letrina en el abono tenía que cavar un poco para tener espacio para la letrina, y claro, es necesario cavar bastante profundo por la higiene. La primera palada tomaba sin riesgo y la segunda también. Pero en una profundidad de medio metro…. Aparecieron avispas, avispas de tierra, ¡que vivían en el abono! No es fácil vivir una vida ecológica con avispas en el abono.
El día antes de este episodio tuve una picadura de una avispa “normal” y no me molestaba mucho. Pensaba que era la misma cosa con estas terroristas y continuaba a cavar… Pero venían más y más insectos y pronto formaban un enjambre de insectos alados que volaban alrededor de mi cabeza. Y uno de ellos, ¡tenía el descaro a picarme en la nariz! Que maldita avispa. Y la picadura tenía otra calidad que la otra del otro día. Ardía como fuego y trataba de defenderme con una escoba, pero tenía que retirarme. Había perdido la primera parte de la lucha del abono.
Y la letrina quedaba sin arreglar. Que retirada miserable con escoba de arma y con nariz que arde. Me iba para equiparme para la guerra contra las avispas. No pantalones cortos sino pantalones largos, cazadora, sombrero y guantes. Es el equipo correcto para cazar a avispas. Y un poco de Myrr (una insecticida) y mucho ánimo.
Ponía un poco de Myrr en la entrad del avispero para averiguar el efecto. Tenía absolutamente ningún efecto. Ponía un poco más de Myrr pero el enjambre parecía estar con valor. Entonces tomé la pala, apunté a la entrada del avispero y lo dé un golpe tan fuerte que el mango de la pala se acorvó. ¡Esto era la medicina! Las avispas en el avispero no podían salir y las afuera no podían entrar.
Y mañana espero que pueda continuar el trabajo y que estén muertas las avispas en el avispero. Vamos a ver….