Me gustaba mucho bañarme antes. No tenía que enojarme de gente que toman el sol en el puente. Pero todo se ha cambiado. Nuevos tiempos han venido, con gente más moderna, que no trata con respeto a sus compañeros de baño.
La primera vez que me dio cuenta de esto era una mañana en junio cuando quería bañarme un poco y disfrutar el agua caliente. Dentre los árboles podía divisar a una náyada de aproximadamente 40 años, perezosamente extendida en el puente. Entonces entendí que habían venido los tiempos modernos también a nuestro pequeño idilio.
Bueno, pensaba que trataría de asustarla marchando pesadamente en el puente, frunciendo las cejas con toda la autoridad de un hombre de 110 kg. Pero no me lograba. Todo fue un fracaso.
La náyada no se movía mucho, dejaba un poquito espacio para dejarme pasar y continuaba a tomar el sol como si yo no existiera. Si por lo menos me atrevía hacer un salto o zambullirme para salpicarla un poco….
Y esto pasó otra vez. Entonces la náyada tenía su hijo a su lado y el pasaje estaba aún más estrecho.
Y pasó una tercera vez co la náyada hablando en su movil en alta voz sin respeto alguno a los ánades, los peces y a mí. Teníamos que escuchar una conversación estúpida.
“¡No me lo digas! El abuelo se murió….”
“¿Tiene estreñimiento? - pobrecita”.
Y no sé todo. Y por esto no me baño más aquí.