TEXTO BÍBLICO: Romanos 8.12-14, 26-27
TEXTO ÁUREO: Romanos 8.16
«El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios».
Luego de haber reflexionado sobre Dios como Padre proveedor y sobre Jesucristo como el Buen Pastor, esta lección nos conduce a considerar la obra del Espíritu Santo desde una perspectiva experiencial y pastoral. El texto de Romanos 8 no presenta al Espíritu como una doctrina abstracta, sino como una presencia activa que interviene en la vida real del creyente, particularmente en medio de la debilidad humana. Pablo nos invita a reconocer que la vida cristiana se vive en tensión: entre la ley de la carne y la ley del Espíritu. Esta lección prepara al creyente para reconocer su dependencia total del Espíritu Santo, tanto para vivir fielmente como para orar conforme a la voluntad de Dios.
Objetivos
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El Discípulo: Revista para la Educación Cristiana Transformadora