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Para el 2016, la búsqueda me había llevado al doctor Bartucca, al mercado de venta de bebés, al consenso social que hace todo posible, a la realidad tirana que decide el destino de los bebés que nacen de madres pobres en hospitales municipales, a la impunidad de la gente, al miedo de perdernos de nuestros padres adoptivos, y a la herida que conlleva ser un ser humano que fue traficado, vendido como una mascota.
Y ya que está, me voy a tomar un minuto para explicar o aclarar la diferencia entre una adopción legal y una adopción ilegal, lo cuál en realidad se llama sustitución de identidad, porque la identidad original se borra completamente y en vez se la sustituye con una nueva.

En la adopción legal, está casi siempre involucrado un organismo que controla que ese bebé o niño que carece de progenitores que se puedan hacer cargo de él, sea protegido y tratado con el mayor respeto y cuidado posible. Generalmente hay registro de dónde vino ese niño, lugar y fecha de nacimiento, y hasta a veces se puede encontrar el nombre de la madre o padre en algún lugar, y al menos a nivel legal se sabe que hubo consentimiento de parte de los padres biológicos, para que la adopción se realizase. Dependiendo de el país o sistema, el procedimiento de adopción se diferencia un poco, pero la idea básicamente es que los derechos del niño/a sean protegidos y de que su destino sea una familia que tenga los medios para asegurarse que al niño se le provea la estabilidad material y emocional para que pueda crecer y desarrollarse lo mejor posible.
Los padres que quieran adoptar deben pasar por un proceso donde se decide si son aptos para ser padres adoptivos o no y luego, deben esperar un tiempo hasta que finalmente haya un niño que esté buscando un nuevo hogar. Inclusive, un tiempo después de la adopción, la familia es visitada por trabajadores sociales para chequear que el niño se encuentre bien con su nueva familia.
La sustitución de identidad-a la cuál generalmente se la llama adopción ilegal, sucede en la oscuridad, en secreto, por fuera de las leyes.
Se trata de evitar toda información sobre las raíces biológicas del niño, o sea quiénes fueron los progenitores, dónde y cuándo nació, y de qué lugar vino, como si mágicamente y espontáneamente se hubiese materializado y empezado a existir. No se sabe si los padres biológicos dieron su consentimiento o no a la entrega del bebé, y no es poco frecuente que ese bebé haya sido robado justo después del parto, fingiendo su muerte.
Los que manejan el sistema de sustitución de identidad generalmente son médicos o parteras, que no le tienen que rendir cuentas a nadie, y no tienen que responder a ninguna ley o reglamento, más que al precio que pone el mercado. Los padres adoptivos son seleccionados según cuánto puedan pagar, o también por otra conveniencia. En ningún momento se chequea si son aptos para ser padres, o si se le puede asegurar a ese niño que va a estar rodeado de estabilidad emocional y material para que se pueda desarrollar lo mejor posible. Es más, ese niño puede ser vendido a cualquiera, para cumplir cualquier tipo de propósito, porque nadie va a chequear, ni demandar, ni encarcelar. Ese niño es propiedad del comprador, y en el mejor de los casos, el comprador es una pareja de clase media con estabilidad emocional y material y  con muchísimas ganas de ser padres y amor para dar. En el peor de los casos ese niño va a ser un objeto que va a satisfacer a su dueño de la forma en que este quiera, lo cuál también es conocido como esclavitud.
En ambos casos, la persona adoptada legalmente y la persona con identidad sustituida (o ilegalmente adoptada) cargan en algún punto con el trauma del abandono. Pero en el caso de haber sido traficada, la persona carga con el trauma de abandono y algo más. Algo lo cuál me es difícil poner en palabras, algo oscuro y perverso, consecuencia de haber tenido un precio, de haber sido simplemente parte de una transacción. Algo que nace del hecho de que en el momento más vulnerable de nuestras vidas, se nos utilizó para provecho ajeno, quitándonos toda dignidad, reduciéndonos a un producto. 
Es muy difícil sacarse de encima esa sensación, eso de ser una cosa, un objeto. Construir una autoestima sana sobre esos cimientos, salir al mundo con la fuerza necesaria para confrontar los obstáculos de la vida, soñar que el mundo es un lugar amable, y que somos merecedores de una vida digna, que somos merecedores de amor.
Igual, no creo que estemos solos en esta sensación. Siempre hubo en la historia de la humanidad, los conquistadores y los conquistados, los que dominan y los dominados, los oportunistas y las oportunidades, dueños y esclavos, sistemas que sostienen las dinámicas de poder y reiteran generación tras generación los mismos patrones, tratando de mantener todo en el mismo lugar, para siempre. Y en medio de todo eso, ayudando a que esto se mantenga así,  están el trauma y la desolación  como una radio interna con un mensaje que dice que “Esta es la única forma de sobrevivir. Mejor mirar a otro lado" "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”.
Todo eso, siempre ha existido.
Pero por suerte, eso no es todo lo que mueve esta Tierra. Hay otras fuerzas que son menos perceptibles, pero igual de fuertes. Que siguen las leyes de causa y efecto. Como el péndulo, lo que va, viene, lo que sube, baja. Todo en el Universo está en constante movimiento. No hay acción sin reacción. 
Ni tampoco hay forma de que el alma humana, sin importar cuánto la hayan doblegado, tarde o temprano no reclame su dignidad. No se defienda ante la injusticia. No se pare ante la realidad y diga:”Me cansé, esto no va más, algo tengo que poder hacer”.
Causa y efecto. Acción y reacción.
Tal cómo se ve a través de la historia, y detrás de cada movimiento social, el péndulo un día empieza su recorrido hacia el otro lado, y es hora de cambiar. Por supuesto que eso también generará una reacción contraria ya que el cambio es incómodo, y el cerebro humano, según lo que entendí, perezoso.
Pero un día, en algún momento los astros se alinean, las fuerzas se juntan, el péndulo cambia de dirección, el timing es el correcto, y nacen aquellas personas, cuyas almas claramente vinieron a este mundo a hacer ruido. A reclamar sus derechos, a poner las cosas en su lugar. Movidas por el dolor, con un fuerza ciega, van a buscar su verdad incansablemente, y gracias a estas personas va a haber más consciencia en el mundo, de lo que la había, antes de que habitaran este planeta.
En la historia de mi vida particularmente, se hacen llamar “Los Bartuquitas”. Las personas que fueron vendidas a través del doctor Celestino Bartucca.
Que se organizaron y abrieron un nuevo camino. Que no se dejaron convencer por las mentiras que escucharon de su origen biológico y empezaron a buscar respuestas. 
En su dolor, en su búsqueda, en su necesidad de sanar, de encontrar paz, me dieron la oportunidad a mí de encontrar la mía.
Porque, en las palabras de Bob Marley “podrán engañar a algunas personas, algunas veces pero no podrán engañar a todos, para siempre, así que levántate y pelea por tus derechos”
Es inevitable, estamos destinados a evolucionar.
Aunque nos lleve milenios.

Habíamos vuelto de Suiza, de encontrarnos con Martin, mi héroe involuntario y de haber averiguado gracias a él, que había mucha gente que se preguntaba sobre la venta de bebés y la clínica privada que tenía el doctor Bartucca. Me dolía el alma, me costaba respirar. Me habían vendido como a una mascota. Lo único que quería era desaparecer. Apagar mi cerebro y hacer de cuenta que esta no era mi vida. Dormir y despertarme dentro de 100 años cuando el mundo haya cambiado. No tenía a donde ir con la nueva información. No tenía dónde encontrar consuelo. 
Con Simon y con Juan, no sabíamos cómo seguir la búsqueda, parecía que habíamos nuevamente llegado a un callejón sin salida. Entonces mi amigo Santi, quién nos estaba ayudando desde Argentina dijo: “Porque no contactan a la chica que subió el video a YouTube? Por ahi ella sabe algo más.”
Mandé un mensaje, pensando que jamás me contestaría, pero para mi sorpresa, me contestó al día siguiente. Era Lorena Quiroga, la misma mujer que había sido partícipe de la cámara oculta al doctor Bartucca. Lorena estaba en la búsqueda de su identidad biológica desde hacía años, así que me pasó toda la información que había juntado y me contó aparte que no estaba sola, que eran un grupo de personas que se habían encontrado y que se estaban ayudando. 
Lorena me contó que su búsqueda comenzó a sus 15 años, que antes de eso, su familia había mantenido en secreto el hecho de que tenía identidad sustituida. Pero como suelo decir, la verdad siempre encuentra alguna forma de expresarse, y en el caso de ella fue gracias a un accidente con fuego al que sobrevivió, que su inconsciente vio la oportunidad de comunicarle lo que llevaba por dentro. Resulta que un tiempo después de ese accidente, Lore empieza a sufrir de ataques de pánico y síndrome de despersonalización e irrealidad, lo cuál la lleva a ir a una psiquiatra, quién termina concluyendo que lo que se despertó a través del accidente es un trauma que tiene que ver con su infancia temprana. Lore, que siempre había sospechado que era adoptada, pudo finalmente confirmarlo al poco tiempo al hablar con su tía, que rompió el pacto de silencio de la familia. Con la ayuda de su tía entonces emprende su búsqueda y trata de localizar al doctor Bartucca, lo cuál realmente no fue fácil. Quería saber qué más podría saber el médico sobre su origen biológico. Finalmente, y después de muchas vueltas llega hasta la puerta del departamento del médico, quién se ve sorprendido e irritado al darse cuenta que ella lo había encontrado. Pero esta no era la primera vez que se veían. Los padres adoptivos de Lorena, se sentían tan agradecidos  de haberla podido adquirir que cada tanto iban con ella a visitarlo para expresar su agradecimiento.
En esa visita, a sus 15 años de pura valentía, Lore se presentó sola en el domicilio de Celestino Bartucca y le pidió información. Él le preguntó qué sabía, y una vez que ella le contó lo que le había dicho su tía, él completó la historia con un par de detalles. Años más tarde, Lorena se iba a dar cuenta que era todo mentira.
Los años fueron pasando y como hicimos tantos otros, Lore llega a contactarse con Abuelas de Plaza de Mayo, donde le dicen que no tienen ninguna búsqueda de gente antes del ‘75, o sea antes del golpe militar del ‘76, pero que hay grupos en redes de gente que está buscando. Así es como en el 2003 ella llega a “Raíz Natal”  un portal para gente que está buscando su origen biológico y al relato de Paola Klejman, quién habla de su venta a través del doctor Bartucca. Fue recién ahí que Lorena entendió que ella también había sido vendida, traficada, y que el tal doctor Bartucca no era tan benevolente como sus padres lo habían pintado. Lore y Pao entran en contacto y ya para el 2006 se une también Fernando, Alfredo y Adriana. Todos vendidos a través del mismo médico. Y para reírse un poco de la situación, mecanismo infalible de los seres humanos cuando la realidad nos supera, y juntar fuerza del hecho de que no los unía el amor sino el espanto, empezaron a llamarse a sí mismos “Los Bartuquitas”.
Deciden encontrarse, compartir historias e intercambiar información sobre su búsqueda. Y llegan a la conclusión  de que ninguno de ellos tenía la verdad del relato sobre su origen biológico. El doctor Bartucca, para asegurarse que sus compradores pagasen buen dinero por los bebés, les aseguraba que estos recién nacidos eran hijos biológicos de gente educada y de buen estatus social. Lo que les contaba eran diferentes versiones de estas 3 historias:
El bebé era producto de 
  1. Una maestra con un médico
  2. Un médico con una enfermera
  3. Una señora viuda de 40 años que era la amante de su cuñado o vecino y que pensando que ya estaba en la menopausia, en vez había quedado embarazada.
En las tres versiones, la madre deja al bebé sin mirar atrás. 
Aparte, Los Bartuquitas, caen en la cuenta de que el doctor, con la excusa de que quería ir a ver donde vivían los futuros padres adoptivos, para asegurarse  de que el bebé tendría un buen hogar, en realidad iba a ver cuán lujosas eran las casas y así determinar cuánto les cobraría por el bebé. A los padres de Lorena por ejemplo les cobró  10 000 dólares. A otros padres el valor de un departamento. 
Un tiempo más tarde, buscando de qué forma podrían tomar algún tipo de acción legal contra el médico, se acercaron a hablar con la abogada y representante legal de Abuelas de Plaza de Mayo, Alcira Rios. Alcira, sobreviviente de un campo clandestino de la dictadura militar, experta sobre el robo sistemático de bebés  de ese período ya se había reunido con Paola anteriormente, y le había dicho que dado que eran un grupo de personas traficadas por el mismo médico, podían hacer una denuncia grupal, y que en ese caso el delito no prescribía. Pero en este segundo encuentro, por razones desconocidas, les explicó que ellos, “Los Bartuquitas”, se encontraban en un vacío legal. No había leyes que los amparase, ya que la sustitución de identidad, prescribe, la falsificación de documento público era un delito leve y también prescribe y lo único que se podía hacer era levantar cargos por secuestro a sus propios padres, lo cuál por razones obvias, no lo iban a hacer. Lore y Pao y los otros "Bartuquitas" quedan devastados por la noticia. No tenían a dónde ir. No había forma de encontrar ni justicia, ni su verdad.
Pero dicen que cuando se cierra una puerta, el Universo abre otra, y esta vino en forma de el programa de TV “La Liga”.
Fernando, uno de "Los Bartuquitas" conocía a uno de los entrevistadores de “La Liga”, Diego Alonso. Eran amigos del barrio, y cuando Fernando le contó a Diego que “Los Bartuquitas” no eran una persona, ni dos, sino muchos más, este habló con la productora del programa y decidieron hacer un programa sobre la identidad. El único problema era que no podían conseguir que el doctor Bartucca quisiera participar, por razones obvias. No contestaba ni el teléfono. Un día estaban "Los Bartuquitas" y el equipo de producción del programa reunidos en la cocina de Fernando, casi por darse por vencidos, cuando como en una de esas escenas como de película, Lorena dice:” Y si le hacemos. Una cámara oculta?” y se ofrece a participar. Con la excusa de que su marido no le creía la historia de su origen, le pide al doctor Bartucca de que por favor se reuniese con él en un café, así le podía contar de hombre a hombre la historia de su adopción. Bartucca accedió, y fue gracias a eso que aparece en el programa diciendo que no guardaba registros de ninguno de los bebés o de sus madres y de que Lorena no era hija de “negrita”. En el mismo programa de tv, Fernando cuenta que sospecha que tiene un hermano mellizo, que Bartucca lo vendió por separado, y hasta aparece otra mujer, Graciela, diciendo que a los bebés los subastaban. Ella, también vendida por el mismo doctor, cuenta que traían a los futuros padres al hospital y dependiendo del poder adquisitivo, les ofrecían los bebés de mayor precio o menor precio. Los rubios, blancos y de ojos claros eran por supuesto los más caros.
El programa fue un éxito, y gracias a que se emitió aparecieron muchos más Bartuquitas. Todos buscando su verdad. Cómo dije antes, aparentemente el doctor Bartucca era un médico muy prolífico. 
Por otro lado, aparte del programa de tv, Paola, la otra Bartuquita original, en su incansable búsqueda, después de haberse acercado a Abuelas de Plaza de Mayo sin ningún resultado positivo, fue a visitar la oficina de derechos humanos a buscar algún tipo de ayuda, alguna respuesta.  Esa oficina se encontraba en el registro civil de Buenos Aires, dónde se hallan todos los registros de nacimiento de todas las personas nacidas en Capital Federal. O sea, si hay un lugar con toda la documentación, y algún tipo de dato que podría servir a esclarecer un poco el origen biológico de las personas, era ese. Pao, lo hizo durante 9 años, insistiendo, pidiendo ayuda, hasta que finalmente, cuenta que en el 2013 le llegó un mail diciendo que aparentemente Bartucca había vendido muchos bebés, y que lo conocían por la extensión de su labor de tráfico de recién nacidos. Pao no dudó y al día siguiente se acercó a la oficina de derechos humanos. Quién le había escrito ese mail era Mercedes Yañez, que desde su oficina había encontrado una forma de rastrear el origen biológico de las personas que llegaban a ella con un certificado de nacimiento falso. 
No todo estaba perdido. De repente, había una persona que sin ningún método, entrenamiento previo o gran presupuesto, podía ver en los certificados de nacimiento, algo que al resto se les había pasado de alto. Mercedes, siguiendo su conocimiento e intuición, podía ver lo invisible al resto de las personas.
Un tiempo más tarde del programa “La Liga”, me contó Lorena que los Bartuquitas se fueron dispersando y que hoy en día mantienen poco contacto. “La búsqueda es pesada, hay que ir de a poco, sino te consume” me dijo. Ella sintió que después de hacer la cámara oculta, no sentía tanta necesidad de seguir. El hecho de que había capturado al doctor a cámara diciendo lo que dijo, le dio la sensación de justicia que necesitaba. Puso el programa en su canal de YouTube, y cuando alguien se comunica con ella, los rediríge a “Raíz Natal” y a la oficina de  Derechos Humanos. “Hay que saber cuando descansar y rearmarse, sino te terminás rompiendo, Nata” me dijo.
Es verdad, los héroes, los precursores, los que no se rinden, los que buscan justicia, los que no se callan, los que aguantan, los que no duermen, los que marchan, los que insisten, los que lloran, los que gritan sin que nadie escuche, sin que a nadie le importe, los que abogan para que cambien las leyes, los que tocan cada puerta, los que rezan, los que buscan la paz de la verdad con resiliencia infinita y voluntad de hierro, también necesitan descansar. Y vivir. Porque esta vida se pasa tan rápido. No sea cosa que se pierdan de todo lo hermoso que también hay.
Desde el otro lado del mundo, por todo lo que hicieron, por tanta luz, les estoy eternamente agradecida.
Les prometo, ruido que hicieron, no va a pasar desapercibido.