Señor te bendiga de manera muy especial en el día de hoy. La palabra de Dios dice en Deuteronomio capítulo 33:27, "El Dios eterno es tu refugio y sus brazos eternos te sostienen. El quita al enemigo de tu paso y grita 'Destrúyelo'. Qué palabra tan maravillosa. Yo creo que nos inspira el día de hoy para que podamos mirar la circunstancia que nos afecta de manera distinta. El Dios del principio, este Dios qué es Alfa y Omega, Principio y Fin, el Dios que es antes que todo, el punto de comienzo de todo, es el que nos está ordenando que miremos la circunstancia de manera distinta y que confiemos en sus promesas. Que nuestro foco de atención esté en Dios.
La Biblia dice en Juan capítulo 1:1 que antes que todo comenzara ya existía aquel, que es la palabra. La palabra estaba con Dios y la palabra era Dios. Esa palabra es Cristo. Claro está, ya estaba en el principio de todo. Él es el primogénito de todo lo creado. Lo que quiero enfatizar con esto es que a Dios nada lo toma por sorpresa, y yo creo que hoy la iglesia debe descansar en sus promesas. Y cada uno de nosotros debe encontrar su proyecto de vida inspirado en la fuente maravillosa, que es nuestro creador. Había un corito antiguo que decía 'Solamente en Cristo, solamente en Él la salvación se encuentra en Él. No hay otro nombre dado a los hombres. Solamente en Cristo, solamente en Él..." El texto dice que el Señor, ese que es Dios y principio de todo, es el que nos rodea entre sus brazos y nos empodera para pelear, para resistir, para enfrentar al enemigo porque Él nos está diciendo 'destrúyelo'.
Es curioso porque muchas veces oramos a Dios pidiendo que el destruya nuestro enemigo o que Él nos resuelva y aquí es Él el que nos está ordenando que lo hagamos nosotros en su nombre. Que les parece si hoy le pedimos al Señor que nos ayude a mirar la circunstancia de manera distinta y a poder enfrentar de manera directa nuestro enemigo; destruyéndolo en el nombre de Aquel que nos ha llamado. Gracias Padre, por esta palabra maravillosa por esta promesa extraordinaria, por esta orden tan poderosa que nos inspira poder mirar de frente nuestra circunstancia y caminar. Padre, porque lo hacemos en tu nombre, no con nuestras propias fuerzas, porque nosotros podremos con tu Espíritu Santo poder ministrar en contra del poder de las tinieblas y disiparlos. Porque tú habitas en nosotros, por tu Espíritu, por tu bendición, por tu gracia. En el nombre de Jesús. Amén.