Las frustraciones, al igual que las faltas o las equivocaciones que cometemos, son parte de nuestro proceso de aprendizaje. Si nos damos el tiempo necesario para reflexionar sobre lo sucedido sin buscar culpables, preguntándonos qué podemos aprender de esa experiencia, seguramente se convertirá en una oportunidad de aprender, crecer y estar mejor preparados para una próxima oportunidad.