📖 Hechos 16:
20 Al presentarlos ante los magistrados, dijeron: —¡Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad! 21 ¡Predican costumbres que no nos es lícito recibir ni practicar, pues somos romanos!
22 Entonces el pueblo se levantó a una contra ellos. Y los magistrados les despojaron de sus ropas con violencia y mandaron azotarles con varas. 23 Después de golpearles con muchos azotes, los echaron en la cárcel y ordenaron al carcelero que los guardara con mucha seguridad. 24 Cuando este recibió semejante orden, los metió en el calabozo de más adentro y sujetó sus pies en el cepo.
25 Como a la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los presos les escuchaban. 26 Entonces, de repente sobrevino un fuerte terremoto, de manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante, todas las puertas se abrieron y las cadenas de todos se soltaron. 27 Cuando el carcelero despertó y vio abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada y estaba a punto de matarse, porque pensaba que los presos se habían escapado. 28 Pero Pablo gritó a gran voz, diciendo: —¡No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí!
29 Entonces él pidió luz y se lanzó adentro, y se postró temblando ante Pablo y Silas. 30 Sacándolos afuera, les dijo: —Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
31 Ellos dijeron: —Cree en el Señor Jesús y serás salvo, tú y tu casa.
32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 En aquella hora de la noche, los tomó consigo y les lavó las heridas de los azotes. Y él fue bautizado en seguida, con todos los suyos. 34 Les hizo entrar en su casa, les puso la mesa y se regocijó de que con toda su casa había creído en Dios.
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En el libro de Hechos este es uno de los sucesos más conocidos que nos transmite mucha fe y valentía para seguir firme en el camino de Dios.
De forma impresionante Pablo toma un viaje misionero basado en la dirección del Espíritu Santo y no en sus emociones. Él quería ir a otras ciudades pero aquí vemos cómo nuestras emociones nos pueden guiar lejos de la voluntad de Dios. Pablo fue sensible a la voz de Dios y obedeció cuando dos veces se le impidió viajar.
Ahora vemos cómo pasaron diferentes sucesos donde Pablo y Silas, terminaron en un calabozo, el lugar más profundo, tenebroso y vigilado de una cárcel.
En una condición deplorable, con sus cuerpos adoloridos, con heridas y moretones de los múltiples azotes que habían recibido, además de los insultos y maltrato verbal, con hambre y débiles, con sed y sueño, aun así sacaron fuerza de la debilidad y buscaron refugio en la presencia del Señor. En oración recibieron consolación divina, consuelo en la tribulación, y esa oración se convirtió en palabras de agradecimiento, alabanza y adoración al Señor.
De seguro fueron transportados a esa dimensión gloriosa que uno experimenta cuando entra en ese ambiente espiritual, cuando uno dispone su mente y corazón en adoración. La gloria de Dios desciende sobre el adorador y en este caso lo sobrenatural ocurre: ¡la tierra tembló, las ataduras de pies y cadenas de las manos cayeron, las paredes de la cárcel cayeron y las puertas de hierro se abrieron!
Al final, se cumplio la visión que Pablo había visto: Ese hombre de la visión era el carcelero. Esa misma noche él y su familia recibieron a Jesucristo en sus corazones como Salvador y Señor.
No te desanimes. Adora a Jesus en todo tiempo, y el Señor se manifestará y te mostrará el propósito por lo que estás viviendo: con tu esposo o esposa, tus hijos, ese dolor por alguna pérdida, el embargo de tu casa, la pérdida de ese trabajo, la necesidad de moverse a otro lugar donde no querías, etc., seguramente es una transición de donde estabas y te guiará a donde Dios te quiere llevar. Solamente adórale.
Soy tu amigo Eduardo Rodriguez. Que el Señor escuche tu oración y tu adoración.
No olvides leer todo el capítulo completo y compartir este mensaje con alguien que aprecies.
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