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4 Yo perseguí este Camino hasta la muerte, tomando presos y entregando en las cárceles a hombres y también a mujeres, 5 como aun el sumo sacerdote es mi testigo, y todos los ancianos de quienes también recibí cartas para los hermanos. Y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén a los que estaban allí, para que fueran castigados. 6 Pero me sucedió, cuando viajaba y llegaba cerca de Damasco, como a mediodía, que de repente me rodeó de resplandor una gran luz del cielo. 7 Yo caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. 8 Entonces yo respondí: “¿Quién eres, Señor?”. Y me dijo: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues”. 9 A la verdad, los que estaban conmigo vieron la luz, pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo. 10 Yo dije: “¿Qué haré, Señor?”. Y el Señor me dijo: “Levántate y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que te está ordenado hacer”.
11 »Como no podía ver a causa del resplandor de aquella luz, fui guiado de la mano por los que estaban conmigo, y entré en Damasco. 12 Entonces un tal Ananías, hombre piadoso conforme a la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que moraban allí, 13 vino a mí y puesto de pie me dijo: “Hermano Saulo, recibe la vista”. Y yo le vi en aquel instante. 14 Y él me dijo: “El Dios de nuestros padres te ha designado de antemano para que conozcas su voluntad y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. 15 Porque serás su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. 16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.


En este capítulo podemos ver con más detalle el testimonio del apóstol Pablo, cuando antes se llamaba Saulo de Tarso, un personaje bien conocido en la región por su dureza en la persecución que había comenzado contra los cristianos. Es duro imaginarse cómo este hombre sacaba de las casas a los cristianos e iba de ciudad en ciudad para llevarlos a Jerusalén para que fueran castigados.
Pero durante esta prueba de violencia que la iglesia vivió, había un propósito más profundo y divino con la vida de este perseguidor. El Señor tenía ya escrito y planeado lo que iba a hacer con Saulo. Se le iba a presentar de forma visible y auditiva, pues Pablo escuchó claramente la voz de Dios que le hablaba en hebreo.
Pablo nos da más detalles a nosotros, testificando a los judíos que estaban presentes delante de él, aunque lo querían matar, mas sin embargo, él estaba contando todo el proceso de su conversión del judaísmo al cristianismo. La clave de esta enseñanza está en el verso 14 cuando Pablo obedeció la voz de Jesús que le dijo que fuera a Damasco. Pablo estaba ciego y por tres días estaba en ayuno y oración hasta que llegó Ananías y le reveló el propósito de Dios con él. Después de estar en un estado de zozobra con temor y humillado, Pablo recibe la vista en el nombre de Jesús, y Ananías le dijo: "El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad y veas al Justo, y oigas la voz de su boca porque serás testigo suyo a todos los hombres de lo que has visto y oído.”
Entonces Pablo aceptó el llamado y entregó su vida a Dios bautizándose en el nombre de Jesús.
Espero que este testimonio afirme tu corazón y no dudes que Dios también tiene un propósito con tu vida.
Pablo comprendió que había sido llamado para seguir a Jesucristo y predicarlo en lugares donde nadie lo había hecho.
¡Tú no eres la excepción! Dios ya tiene también un plan ordenado para ti y un llamamiento santo para que le sirvas y seas un representante del reino de los cielos. No importa tu edad, si eres soltero o casado, con hijos o sin hijos, joven o adulto, el Señor Jesús quiere hablarte y manifestarse en tu vida para que conozcas su voluntad, veas al Justo y oigas su voz.

Consideremos: ¿Estoy evadiendo el llamado de Dios o estoy dispuesto a escuchar su plan para mi vida?

Soy tu amigo Eduardo Rodríguez; no olvides compartir este mensaje con alguien y leer todo el capítulo.


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