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Hebreos 13:1‭-‬19 RVA2015:
Permanezca el amor fraternal. No se olviden de la hospitalidad porque por esta algunos hospedaron ángeles sin saberlo. Acuérdense de los presos como si ustedes estuvieran en cadenas junto con ellos; y de los afligidos, puesto que también ustedes están en el cuerpo. Honroso es para todos el matrimonio, y pura la relación conyugal; porque Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros. Sean sus costumbres sin amor al dinero, contentos con lo que tienen ahora porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé. De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi socorro, y no temeré. ¿Qué me podrá hacer el hombre?. Acuérdense de sus dirigentes que les hablaron la palabra de Dios. Considerando el éxito de su manera de vivir, imiten su fe. ¡Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos! No sean desviados por diversas y extrañas doctrinas; porque bueno es que el corazón haya sido afirmado en la gracia; no en comidas que nunca aprovecharon a los que se dedican a ellas. Tenemos un altar del cual los que sirven en el tabernáculo no tienen derecho a comer. Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es introducida por el sumo sacerdote en el lugar santísimo como sacrificio por el pecado, son quemados fuera del campamento. Por lo tanto, también Jesús padeció fuera de la puerta de la ciudad para santificar al pueblo por medio de su propia sangre. Salgamos pues a él, fuera del campamento, llevando su afrenta. Porque aquí no tenemos una ciudad permanente sino que buscamos la que ha de venir. Así que, por medio de él, ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza; es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. No se olviden de hacer el bien y de compartir lo que tienen porque tales sacrificios agradan a Dios. Obedezcan a sus dirigentes y sométanse a ellos porque ellos velan por la vida de ustedes como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse pues esto no les sería provechoso. Oren por nosotros, pues confiamos que tenemos buena conciencia y deseamos conducirnos bien en todo. Con mayor insistencia imploro que lo hagan para que yo les sea restituido pronto.


Ya en el último capítulo de esta hermosa carta, el escritor concluye dando los últimos consejos, y usualmente son consejos referentes al trato entre hermanos.
Aquí se resalta que debemos ejercitar el amor fraternal, es decir, el amor que se demuestra entre seres queridos, parientes, entre miembros de una sola familia.

Una de esas formas es practicar el hospedaje, atendiendo en sus hogares a los hermanos que están de paso o que necesitan temporalmente un lugar para vivir. El escritor nos enseña sobre el privilegio y la bendición cuando alguien ha dado hospedaje en el pasado, pues sin darse cuenta estaban hospedando ángeles, que son los mensajeros de Dios.
También nos aconseja ponernos en el lugar de la persona que está pasando por necesidades, como las personas que están en la cárcel o los que están sufriendo dolor físico.
El otro ejemplo de amor fraternal es cuando los casados honran su relación matrimonial. Debe mostrar respeto mutuo y fidelidad a su esposo o esposa, no permitir que el pecado de la lujuria y el adulterio manchen su pacto. El enemigo ha intentado destruir muchas familias con la impureza pero gracias a Dios que ha restaurado muchos hogares cuando han llegado a los pies de Dios con su matrimonio destrozado y el Señor, con su santo Espíritu, comienza en el proceso de restauración, dándoles sabiduría para que aprendan de los errores del pasado y aprendan nuevas herramientas para proteger su matrimonio ahora restaurado.
Es muy bonito escuchar y ver estos testimonios de hogares que antes estaban desprotegidos pero que hoy en día han desarrollado ese amor fraternal en el vínculo del conocimiento de Dios, llenándose del Espíritu Santo y practicando todos los días el amor fraternal, que es el amar al hermano sobre todas las cosas.


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