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Santiago 1:1‭-‬15 RVA2015

Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus de la dispersión: Saludos. Hermanos míos, tengan por sumo gozo cuando se encuentren en diversas pruebas sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia. Pero que la paciencia tenga su obra completa para que sean completos y cabales, no quedando atrás en nada. Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídala a Dios —quien da a todos con liberalidad y sin reprochar— y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada. Porque el que duda es semejante a una ola del mar movida por el viento y echada de un lado a otro. No piense tal hombre que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inestable en todos sus caminos. El hermano de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el rico, en su humillación porque él pasará como la flor de la hierba. Pues se levanta el sol con su calor y seca la hierba, cuya flor se cae, y su bella apariencia se desvanece. De igual manera también se marchitará el rico en medio de sus negocios. Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba porque, cuando haya sido probado, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman. Nadie diga cuando sea tentado: “Soy tentado por Dios” porque Dios no es tentado por el mal, y él no tienta a nadie. Pero cada uno es tentado cuando es arrastrado y seducido por su propia pasión. Luego esa pasión, después de haber concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez llevado a cabo, engendra la muerte.

Entramos a una de las cartas más cortas pero lo que la hace especial de la demás es porque es como una píldora de conocimiento pleno del evangelio! Alguien dijo que Santiago es como un resumen de todo el nuevo testamento comprimido en cinco capítulos.
Una persona dijo que si le dieran a escoger quedarse con un sólo libro de la biblia se quedaría con la carta de Santiago. Esta es una carta donde muestra cómo poner en práctica, con acciones claras, la fe en Cristo Jesús y demostrarla con obras que Dios quiere que hagámos.
En el primer capítulo encontramos una infinidad de temas explicados en versos cortos semejantes al estilo de los proverbios o los salmos.
Una de tantas lecciones es la explicación que da en cuanto al desarrollo del pecado.
Todo comienza con una debilidad, o sea, la atracción a algo que te va a hacer daño comienza en ese deseo que está escondido en el corazón.
Cuando se presenta la oportunidad de acercarse a eso malo la persona toma la decisión equivocada de tomar lo prohibido en sus manos y cae en la trampa del mal deseo. Eso se llama concupiscencia.
Después de haber caído en la trampa se convierte en pecado y ese pecado te guía a la muerte.
Esta explicación es necesaria para que no caigamos en el error de culpar a Dios por haber permitido que hayamos caído en tentación y estemos sufriendo Las consecuencias por ese fracaso.
Si por alguna razón cometes un error, y sufres sabiendo que no debías haber hecho eso, lo mejor es aceptar el error, admitir la culpa y ser responsable completamente de mis acciones. Después es importante acudir a la presencia de Dios y pedir su perdón y la restauración para nuestras almas, por medio de su sangre preciosa y de su espíritu Santo en nosotros. Dios es tan amoroso que mira un corazón humillado y lo perdona para después levantarlo.
Lo importante es aprender del error, no volver a cometer la misma falta, y seguir el consejo del apóstol cuando dice que "si necesita sabiduría pídala a Dios que él te lo dará en abundancia".
Consideremos:
¿Estamos coqueteando con algún deseo que va en contra de la voluntad de Dios?
¿Has culpado alguna vez a Dios por tus errores, justificándote a ti mismo y no aceptando tu error?

Soy tu amigo Eduardo Rodríguez. Que el Señor escuche tu oración y te ayude a pasar victorioso sobre las pruebas.


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