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Mateo 12:33‭-‬37 RVA2015:
O hagan bueno el árbol y bueno su fruto, o hagan malo el árbol y malo su fruto; porque el árbol es conocido por su fruto. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podrán ustedes, siendo malos, hablar cosas buenas? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, y el hombre malo del mal tesoro saca cosas malas. Pero yo les digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen. Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.

En esta sección del evangelio de Mateo estamos leyendo cómo Jesús confronta a los fariseos por sus acciones y sus palabras.
¡Y esta lección es importante para nosotros para que meditemos sobre lo que hacemos y aún las palabras que expresamos con nuestra boca!
Nuestras palabras pueden ser el medidor de nuestro estado espiritual. Tal vez no podemos ver cómo estamos pero sí podemos escucharnos. La prueba está cuando estamos enojados, o tristes, o sentimos algo en contra de alguien. Allí es donde podemos evaluar si salen palabras ofensivas o peor, palabras para destruir, mintiendo o tergiversando una versión de lo sucedido para poner en mal a esa persona. En pocas palabras "chismeando" por culpa de los celos o la envidia. Aún se ve mucho de esto en nuestras congregaciones contra algún hermano(a) en particular. 
En el libro de Proverbios, capítulo 12, verso 18 dice: "Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina."
Hay personas que dan estocadas con sus palabras y atraviesan el corazón dejando una herida mortal en el espíritu de esa persona.
Así que utilicemos sabiamente nuestras palabras para sanar, para nutrir, para fortalecer. El apóstol Santiago nos enseña que ninguna fuente puede dar por la misma abertura agua dulce y salada. O somos hijos de Dios y hablamos vida o somos instrumentos del enemigo para destrucción de amistades, para robar la paz en su familia, para robar la confianza.
El apóstol Pablo le escribió a Timoteo que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía sino de poder, amor y dominio propio. Dominio propio no es solo para no caer en tentaciones, es también para refrenar nuestra lengua y decir palabras que después tenemos que dar cuentas delante de Dios, aquí en la tierra o cuando estemos en Su presencia.
Toda acción tiene consecuencias, igualmente toda palabra que pronunciamos tiene consecuencias.
Hay poder en sus palabras.

Reflexionemos hoy y consideremos cómo nos estamos dirigiendo hacia nuestros hijos, hacia nuestra pareja. No dejemos cuentas pendientes cuando decimos algo ofensivo y nos olvidamos de pedir perdón. No hay nada más sanador que una palabra humilde reconociendo el error. No se imagina qué tan confortador y hermoso es escuchar un "perdóname" sincero. 
A veces utilizamos más palabras para reprender y corregir que las palabras para animar y para reconocer lo bueno que alguien está haciendo.
Por favor, ni en chiste usemos palabras ofensivas. Usted puede decir que estaba bromeando pero la otra persona tal vez lo tomó en serio. 

Hagamos una oración especial para que el Señor nos dé la templanza, el dominio propio para controlar nuestra mente y nuestros sentimientos, y así guardar nuestro corazón para que no broten palabras tóxicas y venenosas; mas bien palabras que traigan fruto de crecimiento, de armonía, de reconciliación, de sabiduría y de fortaleza.
Que Dios le bendiga hoy con palabras de vida que salgan de su boca.


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