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Mateo 15:10‭-‬20 RVA2015:
Entonces, llamando a la multitud, les dijo: —¡Oigan y entiendan! Lo que entra en la boca no contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.  Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: —¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oír esas palabras?  Pero él respondió y dijo: —Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Déjenlos. Son ciegos guías de ciegos. Pero si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.  Respondió Pedro y le dijo: —Explícanos esta parábola.  Jesús dijo: —¿También ustedes carecen de entendimiento? ¿No entienden que todo lo que entra en la boca va al estómago y sale a la letrina? Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.

El Señor va más profundo explicando cuál es a la raíz del problema donde se forma la maldad, que es el corazón. 
Lo que realmente daña, enferma y contamina al hombre no son las cosas impuras que se encuentran en los alimentos sino las intenciones del corazón. De ahí salen todas esas cosas que hieren y destruyen el espíritu, alma y cuerpo. Vidas son marcadas por palabras o acciones que se "cocinaron", se crearon, se formaron en el corazón. Ese lugar donde: hay oscuridad o luz, odio o amor, compasión o indiferencia, intolerancia o tolerancia, rencor o perdón.  De ahí depende lo que sale de nuestro corazón. 
Si hemos hecho daño a alguien, no fue por un impulso momentáneo, fue algo que ya estaba ahí guardado y que creció. Fue un sentimiento maligno.
Que no nos pase lo de Abel y Caín: Caín sintió envidia y dejó que un resentimiento brotara que se convirtió en odio, y ese odio creó un pensamiento malo y dió como fruto un plan para matar a su hermano. 
Cuando lo mató no fue algo espontáneo, fue premeditado. Ya Caín había permitido que se gestara, se formara en su corazón tan grande repudio que el odio superó el sentido común, quedó como ciego y no miraba que era su propio hermano, que ¡ni siquiera le había hecho algo malo!
Dios mismo le advirtió a Caín pero él ignoró el consejo.
Génesis 4:3-7:
Aconteció después de un tiempo que Caín trajo, del fruto de la tierra, una ofrenda al SEÑOR. Abel también trajo una ofrenda de los primogénitos de sus ovejas, lo mejor de ellas. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda. Por eso Caín se enfureció mucho, y decayó su semblante. Entonces el SEÑOR dijo a Caín: —¿Por qué te has enfurecido? ¿Por qué ha decaído tu semblante? 7 Si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido? Pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta y te seducirá; pero tú debes enseñorearte de él.

Así mismo, Dios nos habla a la conciencia y nos advierte cuando debemos de soltar algún sentimiento dañino que envenena nuestra alma para que no vayamos a cometer alguna acción pecaminosa que nos aleje de Su presencia y destruyamos a las personas que están alrededor.
Después no vaya a culpar a Dios si sufre consecuencias devastadoras por tomar la decisión equivocada.
Consideremos: ¿Estoy permitiendo a las emociones tomar control de mí o yo las someto con el poder del Espíritu de Dios? ¿Qué estoy guardando en mi corazón?, ¿cosas de valor? ¿Estoy atesorando memorias de resentimiento o pensamientos de bendición?

Oremos: Padre Celestial, dame sabiduría y dominio propio para tomar control de mis emociones y mis pensamientos; y el discernimiento para entender las cosas que debo guardar en mi corazón y cuáles debo de sacar. En el Nombre de Jesús. Amén.


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