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Mateo 19:27-30:
Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?
Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.

Escuché el testimonio de un misionero que contaba la historia de un recién convertido, el detalle es que es un musulmán convertido al cristianismo en una iglesia clandestina en un país 100% musulmán. 
Cuando sus hermanos escucharon de su conversión, su madre lo escondió y lo sacó de su pueblo, llevándolo a la estación de bus. Le compró un pasaje a un país lejano. Él, asustado por lo que estaba pasando, le dijo que la amaba y le agradeció porque sus hermanos lo rechazaron y lo querían matar para honrar la familia, y cuando él intentó despedirse con un abrazo, su madre le pegó una cachetada y le dijo: “Yo también te rechazo. Desde ahora te desconozco, nunca más regreses.”

Es doloroso pero es una realidad. Todos los días se añaden a la lista de mártires que perdieron su vida, o de rechazados por causa de su fe. 

Tal vez no hemos experimentado una situación a ese nivel pero si tal vez el menosprecio o rechazo emocional de algún ser querido o un familiar. 

El Señor no está promoviendo el rechazar o menospreciar a sus amigos o parientes cuando entrega su vida a Jesús. Lo que Jesús quiere enseñar es que no debemos rechazar la salvación por agradar a un ser querido, ni tampoco tener miedo si perdemos algo, ya que Dios nos tiene preparados 100 veces más de eso mismo.  
Yo he visto cómo los hijos de Dios se convierten en familia.
Cuando mis amigos se burlaban de mí en la escuela, yo sabía que tenía un grupo de verdaderos amigos que vería el viernes o sábado en la noche en el servicio de jóvenes, que aunque no eran perfectos, podíamos identificarnos en muchas cosas.
Cuando he necesitado un consejo matrimonial, he podido confiar en un varón, dama o pastor que me han dado consejos sabios que no podría encontrar en alguien que no comparte mis convicciones o que no tiene conocimiento de la Palabra de Dios.
Cuando he estado frustrado con la crianza de mis hijos, he encontrado padres experimentados.
Cuando he tenido que viajar, simplemente contacto a algún pastor de esa ciudad y me han hospedado de manera especial. Cuando he tenido que mudarme de casa, la familia de Dios me ha ayudado cuando he estado solo.
¡Puedo decir que desde que estoy sirviendo a Dios, tengo cientos de hermanos, hermanas, padres, madres, hasta casas! (Siempre me dicen "mi casa es su casa" y yo tomo esa palabra ¡muy en serio!)

¡No tenga miedo de perder algo, pues así ganará 100 veces más!

¡Al final, las cientos bendiciones que Dios prometió darnos aquí en la tierra, no se comparan con la vida eterna reservada a los que perseveran!

Le reto hoy para que ore por una persona que se haya comportado como familia, y le mande un mensaje de texto o lo llame y le diga qué bendición ha sido para usted.
No olvide leer todo el capítulo entero. 
Que el Señor escuche su oración en este día.


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