Marcos 2 RVA2015:
1 Cuando él entró otra vez en Capernaúm después de algunos días, se oyó que estaba en casa. 2 Muchos acudieron a él, de manera que ya no cabían ni ante la puerta; y él les hablaba la palabra.
3 Entonces vinieron a él trayendo a un paralítico cargado por cuatro. 4 Y como no podían acercarlo a él debido al gentío, destaparon el techo donde Jesús estaba y, después de hacer una abertura, bajaron la camilla en que el paralítico estaba recostado. 5 Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: —Hijo, tus pecados te son perdonados.
6 Algunos de los escribas estaban sentados allí y razonaban en sus corazones: 7 —¿Por qué habla éste así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados sino uno solo, Dios?
8 De inmediato Jesús, dándose cuenta en su espíritu de que razonaban así dentro de sí mismos, les dijo: —¿Por qué razonan así en sus corazones? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”; o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda”? 10 Pero, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra —dijo al paralítico—: 11 A ti te digo, ¡levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!
12 Y se levantó, y en seguida tomó su camilla y salió en presencia de todos, de modo que todos se asombraron y glorificaron a Dios diciendo: —¡Jamás hemos visto cosa semejante!
En este capítulo presenciamos una de las más grandes historias del poder de la unidad.
Qué impresionante saber como se unieron diferentes mentes y corazones en una sola causa: ayudar a su amigo o vecino. ¿Qué los movió? La compasión por él, y la fe en que este hombre postrado pudiera recibir su sanidad, ese milagro que humanamente era imposible pero que muchos habían escuchado que un hombre, llamado Jesús, sanaba a los enfermos.
Muchos ciegos tuvieron que gritar como locos porque nadie los acercaba a Jesús, una mujer se tuvo que arrastrar en medio de la multitud para poder tocar el manto del señor. Otro paralítico se quejó de que nadie lo ayudaba a entrar al estanque de Betesda. Pero este hombre paralítico tuvo la bendición de contar con gente que lo apoyó en su deseo de ser sanado. Quizá en el camino él les pidió regresar porque se desanimó al ver la multitud que abarrotaba la entrada de la casa, pero ¡ellos no se dieron por vencidos! Abrieron un hueco por el techo y bajaron a su amigo. ¡Eso solo lo hace alguien con una determinación genuina de servicio! Si no hubiera sido así, tal vez el Señor no lo hubiera podido sanar.
¿Qué te parece si pones la misma intensidad de dedicación para unirnos con cada uno de los miembros de nuestra familia? Ponernos de acuerdo para orar por la misma necesidad o no dejarnos caer, sino animarnos continuamente unos a otros. Preguntarles más seguido: “¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?”; especialmente cuando uno de ellos está desanimado para hacer el compromiso de que, si fuera necesario, entre todos cargarlo en oración y ayuno y llevarlo a la presencia de Dios hasta que la victoria nos sea concedida.
Recuerdo que en nuestro hogar hubo un tiempo donde discutíamos mucho, pero un día decidimos luchar espiritualmente haciendo devocionales en las noches, leyendo una porción de la Biblia y entre todos compartir un pensamiento. Luego dialogábamos sobre algún mal comportamiento de alguno de nosotros y terminabamos de rodillas orando por ese miembro de la familia que estaba pasando un momento difícil. Así pudimos pasar esos tiempos difíciles de escasez económica o la etapa dura de la adolescencia.
¡Que el señor escuche tu oración! Levanta tu familia y recibe tu milagro el día de hoy.
No olvides leer todo el capítulo y hacer la oración personal y por tu iglesia.
Hosted on Acast. See acast.com/privacy for more information.