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Mateo 3:
3 Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo:
    Voz del que clama en el desierto:
     Preparad el camino del Señor,
     Enderezad sus sendas.
4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre.
5 Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán,
6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.
7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: !!Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

El bautismo de Jesús
13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.
14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.
16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Mateo continúa contándonos cómo las profecías se han cumplido desde el nacimiento del Señor y del lugar en que nacería, y ahora nos muestra cómo se cumplió la profecía de Isaías acerca de aquel que le abriría el camino al Señor y ese sería Juan El Bautista. 
Así como el nacimiento del Señor fue anunciado por ángeles, de la misma manera Juan fue escogido por Dios para una misión: no la de escribir cartas o evangelios o libros, no para hacer milagros y prodigios; sino para anunciar la llegada del Mesías y preparar los corazones de muchos para que fueran sensibles al mensaje de salvación, y ¡ese fue un llamado más grande que el de Moisés!

Y aunque Juan no conocía al Señor en persona pero sí sabía que pronto lo conocería y fue en ese día que Jesús descendió para ser bautizado, y en ese momento Dios le confirmó a Juan que ¡Él era el Salvador del mundo!
Lo que no entendía Juan era por qué el Salvador del mundo que venía a bautizar con Espíritu Santo venía a él para ser bautizado en agua; y Jesús le explica que es necesario que se cumpliera toda justicia, es decir, que ese era el paso para el arrepentimiento y el perdón de pecados para la humanidad y Jesús no era la excepción, ya que era Dios pero hecho carne y toda carne tendría que pasar por ese proceso de el arrepentimiento y perdón de pecados por medio del bautismo.
Por eso el bautismo es un acto extraño, porque es un acto tan simple y sencillo que muchos lo tienen en poco, o piensan que es un acto innecesario; y a la misma vez es un acto tan solemne y sagrado que muchos piensan que no son dignos o tienen miedo de dar ese paso de fe porque piensan que no van a poder serle fiel al Señor y no se comprometen hasta que ellos se sientan que están aptos o dignos. ¡Muchas personas me han dicho que se van a bautizar hasta que dejen de hacer cosas malas! 

¿Qué posición tiene? ¿Estamos actuando como los fariseos que pensamos que por nuestras propias fuerzas y nuestras propias obras no necesitamos del arrepentimiento?
Sigamos el ejemplo de Jesús cumpliendo toda justicia. Si no ha pasado por las aguas del bautismo, lo invito para que lo haga por fe recibiendo la salvación. Si ya se bautizó, no olvide mantenerse humilde sabiendo que es por Su gracia que estamos en pie y no por nuestras propias obras. Y no olvide que cuando nos bautizamos recibimos el regalo del perdón de Dios pero también podemos recibir ese regalo tan grande que es el ser llenos del Espíritu Santo.


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