Febrero 1: Cosechamos lo que escuchamos.
Marcos 4:
21 También les dijo: “¿Acaso se trae una lámpara para que sea puesta debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para que sea puesta sobre el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni nada escondido sino para que salga en claro. 23 Si alguno tiene oídos para oír, oiga”.
24 Les dijo también: “Consideren lo que oyen: Con la medida con que miden, ustedes serán medidos y les será añadido. 25 Porque al que tiene le será dado, y al que no tiene aun lo que tiene le será quitado”.
26 También decía: “Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra. 27 Él duerme de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.
28 Porque de por sí la tierra da fruto: primero el tallito, luego las espigas y después el grano lleno en la espiga. 29 Y cuando el fruto se ha producido, en seguida él mete la hoz porque la siega ha llegado”.
Aquí podemos aprender dos lecciones.
Primero, que no podemos nunca esconder la luz del evangelio porque no es práctico, sino que fue diseñada para ser luz y ser expuesta a la sociedad, a la humanidad. Así como Pedro trató de esconder la luz cuando negó al Señor pero no pudo porque fue descubierto tres veces. Cuando un cristiano es expuesto a la luz, se convierte en un portador de ella, así como esas estrellitas que los niños pegan en el techo que se recargan con la luz y cuando apagan la luz esas estrellas brillan en la noche. No nos podemos esconder.
La segunda lección es, que debemos tener mucho cuidado con las cosas que escuchamos. ¿Has escuchado ese dicho que dice: “mira con quién andas y te diré quién eres”?
La Biblia dice que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
Es como una semilla, la cual vamos a cosechar más adelante. O ganamos o perdemos, según lo que permitas que escuchen tus oídos.
He visto tristemente casos en la iglesia, donde hay jóvenes muy animados participando, sirviendo y ocupándose en los asuntos del servicio al Señor en la congregación. Tiempo después, llega un joven amargado que empieza hablar mal del pastor, de los líderes y quejándose de todo. Cuando un joven comenzó a escuchar al otro, su corazón fue contaminado con semillas de resentimiento. Al final, esos jóvenes dejaron de servir al Señor, se desanimaron, se alejaron del camino de Dios; y todo comenzó porque escucharon a la persona equivocada.
También he visto varones y damas afectados por este problema de escuchar lo que no debieron escuchar. Como un gas o líquido tóxico que es vertido en una planta y la seca, así mismo se seca ese corazón lleno de gozo y de servicio a Dios.
Ese efecto negativo es peligroso, por eso la Biblia dice que la fe viene por oír la Palabra de Dios. Si te juntas con personas que hablan siempre de fe, de fortaleza y con una palabra de optimismo continuamente, entonces esas semillas crecerán en ti y serás una persona que vive siempre en fe y victoria.
Consideremos: ¿Con quién te estás asociando? ¿Qué clase de voces estás escuchando?
Si en algún momento, anteriormente, te desanimaste, ¿fue por consecuencias de tus actos o por la voz de alguien que te desanimó?
Que el Señor guarde tu mente y corazón en este día y siempre.
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