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Lucas 12:1 En esto, habiéndose juntado una multitud de miles y miles, tanto que se pisoteaban unos a otros, él comenzó a decir primeramente a sus discípulos: “Guárdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 2 Porque no hay nada encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de ser conocido. 3 Más bien, las cosas que han dicho en las tinieblas serán oídas en la luz, y lo que han hablado al oído en las habitaciones será pregonado en las azoteas.4 “Y les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo y después no tienen nada peor que hacer. 5 Pero yo les enseñaré a quién deben temer: Teman a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el infierno. Sí, les digo, a este teman. 6 ¿No se venden cinco pajaritos por dos moneditas? Pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. 7 Pero aun los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. No teman; más valen ustedes que muchos pajaritos.8 “Les digo que todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; 9 pero el que me niegue delante de los hombres será negado delante de los ángeles de Dios.

Jesús anima a sus discípulos a no tener miedo cuando se encuentren en situaciones donde sus vidas son amenazadas. A la vez, los estaba preparando porque iban a enfrentar muchísimas veces acusaciones en la corte, ante los líderes religiosos de ese tiempo, amenazas, cárceles, azotes, y hasta martirio. Si leemos el libro de los Hechos vemos a unos discípulos y apóstoles que se pararon firme en los concilios y en las cortes, hablando con calma pero con firmeza, tanto que sorprendían a los gobernadores y jueces su forma de transmitir su fe y mensaje de vida y esperanza. Los líderes religiosos judios los odiaban, y los jueces romanos los admiraban.
En una ocasión Pedro les dijo “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres". Y después de haberles azotado, salieron gozosos de haber sufrido por causa de Cristo. Impresionante! En vez de salir tristes salieron victoriosos, mostrando como un trofeo las marcas de los azotes en sus espaldas. No por ser criminales ni estafadores, sino por llevar el mensaje de salvación al mundo entero.
Pablo sufrió mucho y todos los que representaban el evangelio, ¿pero por qué? Porque sabían que era un honor y un privilegio llevar unas pocas marcas, y así identificarse un poco más con el Señor que sufrió el mayor dolor por nosotros.

No nos olvidemos de aquellos que siguieron padeciendo por el Señor, esos mártires que por los primeros años pagaron el precio supremo con sus vidas, donde fueron quemados vivos, o despedazados por fieras, o donde la espada intentó callar sus voces pero sus últimos suspiros y oraciones en el momento de la muerte se convirtieron en perfume precioso para Dios y, al contrario, muchos fueron convertidos al cristianismo porque miraron en esos rostros una paz inexplicable. Y es que ellos sabían que no deberían temer a los que matan el cuerpo pero no pueden tocar el alma. El alma de ellos le pertenece a Jesús y Él les había prometido vida eterna a los que creyeran en Él, y a los que negaran a Jesús y no aceptaran el mensaje de salvación, les tocaría un lugar eterno pero de castigo, el infierno.
Te animo para que entres por la puerta de salvación y mantente firme, pues esta vida es temporal y la que está después de la muerte es una vida con Jesucristo donde no hay dolor, lágrimas o angustias.

Que el Señor te de las fuerzas y la valentía para ser un testigo fiel.


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