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10 Jesús enseñaba en una de las sinagogas en el sábado. 11 Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad desde hacía dieciocho años andaba encorvada y de ninguna manera se podía enderezar. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo:

—Mujer, quedas libre de tu enfermedad.

13 Puso las manos sobre ella, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios. 14 Y respondiendo el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, decía a la gente:

—Seis días hay en la semana en los cuales se debe trabajar. Vengan, pues, en estos días y sean sanados, y no en el día de sábado.

15 Entonces el Señor le respondió diciendo:

—¡Hipócrita! ¿No desata cada uno de ustedes en sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16 Y esta, siendo hija de Abraham, a quien Satanás ha tenido atada por dieciocho años, ¿no debía ser librada de esta atadura en el día de sábado?

17 Cuando él decía estas cosas, todos sus adversarios se avergonzaban. Y todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas que él hacía.

Qué impresionante la enfermedad de esta señora que llevaba 18 años torcida mirando hacia abajo, al piso. Esa enfermedad es un reflejo de la manera en que el enemigo quisiera vernos, con la mirada hacia abajo sin podernos pararnos erguidos. 
Un reconocido psicólogo escribió un libro sobre la necesidad de hacer cambios en nuestras vidas, tan simples como pararse derecho porque según él eso demuestra fortaleza, en cambio, el que está cabizbajo con los hombros caídos es un reflejo de una persona que ella está derrotada. 
Pienso que ese análisis es correcto porque esta mujer estaba sufriendo y el Señor le llama a esa condición que no la dejaba levantar la mirada, una enfermedad. 
De forma sobrenatural su espalda comenzó a enderezarse y ahora podía caminar como los demás. 
la parte más sorprendente de la historia no es ese milagro tan hermoso, sino la reacción de la gente. hay personas que prefieren verte cabizbajo a que tú salgas de tu estado de derrota y comiences tener cambios drásticos y empieces a prosperar. ¡Así como los fariseos preferían ver a un enfermo que ver un milagro en el día de reposo! Tan pronto permites que Dios comience a trabajar en tu vida, ellos van a atacarte y decirte que no estás preparado, que no tienes las fuerzas, que no tienes la inteligencia. Las personas van a decir “tú quién eres o que te crees”, “si tu papá era esto o aquello”, o “tu mamá era eso o lo otro”. ¿Te ha sucedido eso? Recuerda que al mismo Jesús sus parientes y la comunidad lo menospreciaban por ser hijo del carpintero.
Muchos talentos y dones de Dios están escondidos porque a veces preferimos escuchar las voces de los que quieren mantenernos en un nivel abajo de ellos. 
Cuándo quieres participar en la iglesia te dicen “tú no sabes cantar”, o cuando quieres empezar tu negocio te dicen “tú no estás preparado”, si quieres ir al colegio te van a decir “nadie tu familia ha ido a la universidad mucho menos tú”. 
Pero créeme que van a haber personas que nos vamos alegrar de ti, de tu milagro, de tu cambio, de tu transformación cuando salgas de ese estado de víctima y de derrota, cuando el Espíritu Santo te llene y te quite esa joroba, esa carga del pasado que te tiene postrado y declares como el salmista que dijo “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.”

El maestro hoy te quiere enderezar. Alza tu mirada a Cristo y recibe tu liberación.

Consideremos:

¿Qué clase de pensamiento o mal hábito nos tiene cabizbajos? 
Escuchamos las voces negativas de otros más que la voz de Dios?

¡Que el Señor afirme tu corazón y camina con los hombros firmes!


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