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Lucas 14:1
Aconteció un sábado, cuando él entró en casa de uno de los principales de los fariseos para comer pan, que ellos lo observaban cuidadosamente. 2 Y he aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él. 3 Entonces respondiendo Jesús, habló a los maestros de la ley y a los fariseos diciendo:

—¿Es lícito sanar en sábado, o no?

4 Pero ellos callaron. Entonces él lo tomó, lo sanó y lo despidió. 5 Y dijo a ellos:

—¿Cuál de ustedes, si su hijo o su buey cae en un pozo, no lo sacará de inmediato en el día de sábado?

6 Y no le podían responder a estas cosas.

La hidropesía al parecer es una enfermedad donde el cuerpo retiene mucha agua, causando hinchazón o inflamación y deformidad en el cuerpo

No es una enfermedad independiente, sino un signo clínico que acompaña a diversas enfermedades del corazón, riñones y aparato digestivo.
La hidropesía es la acumulación de líquido en el vientre, aunque también aparece en los tobillos, muñecas, brazos y cuello.

La condición de este hombre era muy visible y vergonzosa, por eso el Señor lo sanó en el día de reposo delante de todos en la casa.
Sorprendentemente los líderes religiosos de ese tiempo no aceptaban que alguien fuera sano en ese día, pero sí hacían otras cosas cotidianas como darle de comer a sus animales o socorrerlos si caen en un pozo.
La ley indicaba que nadie debería hacer algún trabajo el día de reposo pero durante el pasar de los años empezó a evolucionar de acuerdo los antepasados iban interpretando esta ley a su gusto o como les convenía, al punto que ahora ellos sí hacían ciertas labores, pero otras acciones tan importantes y milagrosas como una sanidad lo veían incorrecto.
¿Cómo llegaron a ese punto? ¿por qué se distorsionó tanto la ley?
Posiblemente es porque ellos nunca entendieron el propósito benefico de esa práctica. Esa doble moral Jesús la combatía arduamente discutiendo con los de la secta de los fariseos.

Reflexionemos sobre las diferentes formas con las que convivimos en el hogar. Traemos prácticas de nuestros padres y abuelos y tradiciones de nuestra cultura, qué en vez de bendecir a nuestros hijos y nuestras parejas lo que hacemos es amargarles la convivencia en el hogar.
Meditemos en nuestra manera de corregir, nuestra manera de hablar y de aconsejar. El buen trato mutuo, con respeto entre todos, la clara comunicación constante y un ambiente de armonía y seguridad, ayudará a que se descompresen los corazones que van acumulando frustraciones en la escuela o el trabajo. Que el hogar se convierta en un lugar seguro para exponer las emociones sin que reciba burla o acusaciones por abrir su corazón.
De lo contrario, su pareja (esposo o esposa) o hijos comenzarán a acumular frustraciones, así como el hombre hidrópico, y nosotros seremos como los fariseos, viendo la hinchazón pero indiferentes por mantener unas costumbres o formas de convivir en la casa que aprendimos de nuestros parientes o comunidades que tal vez ahora no sirvan y más bien hacen daño.

Consideremos:

Las tradiciones o conductas que aprendimos de nuestros padres Terán unidad o división entre mi familia?
Promueven la paz o crean más conflicto?
Crean un ambiente de seguridad y confianza o de terror y miedo?

Que el Señor nos enseñe cada día y escuche tu oración en este día.

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