📖Hebreos 3:1-19 RVA2015:
Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, consideren a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra confesión. Él era fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Pero él ha sido estimado digno de una gloria superior a la de Moisés, por cuanto aquel que ha construido una casa tiene mayor dignidad que la casa. Porque toda casa es construida por alguien, pero el constructor de todas las cosas es Dios. Moisés fue fiel como siervo en toda la casa de Dios para dar testimonio de lo que se había de decir después. En cambio, Cristo es fiel como Hijo sobre su casa. Esta casa suya somos nosotros, si de veras retenemos la confianza y el gloriarnos de la esperanza. Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón como en la provocación, en el día de la prueba en el desierto, donde los padres de ustedes me pusieron a gran prueba y vieron mis obras durante cuarenta años. Por esta causa me enojé con aquella generación y dije: “Ellos siempre se desvían en su corazón y no han conocido mis caminos”. Como juré en mi ira: “¡Jamás entrarán en mi reposo!”. Miren, hermanos, que no haya en ninguno de ustedes un corazón malo de incredulidad que se aparte del Dios vivo. Más bien, exhórtense los unos a los otros cada día mientras aún se dice: “Hoy”, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado. Porque hemos llegado a ser participantes de Cristo, si de veras retenemos el principio de nuestra confianza hasta el fin, entre tanto se dice: Si escuchan hoy su voz, no endurezcan su corazón como en la provocación. Porque ¿quiénes fueron aquellos que, habiendo oído, lo provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto con Moisés? ¿Y con quiénes se disgustó durante cuarenta años? ¿No fue precisamente con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo sino a aquellos que no obedecieron? Y vemos que ellos no pudieron entrar debido a su incredulidad.
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El escritor de hebreos continúa explicando que Jesús no solamente es el Salvador, sino que también es Apóstol y Sumo Sacerdote.
El gran Apóstol Jesucristo fue el pionero del mensaje de salvación, abriendo camino a la humanidad hacia la vida eterna por medio de su muerte. Jesucristo es el Sumo Sacerdote porque su obra en la cruz nos conecta con la gracia y el perdón de Dios siendo Él el sacrificio y a la misma vez Él ofrece el sacrificio.
Por todos esos privilegios que tenemos como cristianos creyentes de este mensaje, debemos cuidar y valorar esta salvación tan grande. Una de las formas de cuidarla es guardando nuestro corazón del espíritu de incredulidad.
La incredulidad es la forma en que el hombre trata de razonar para negar la existencia de un Dios viviente y trata de buscar excusas para no seguir en el camino del Señor porque realmente está viviendo en pecado y no quiere alejarse de la maldad.
La incredulidad es producto de pensamientos o sentimientos que van en contra del conocimiento de Dios, y el enemigo aprovecha para sembrar incredulidad en un corazón desanimado o cuando la duda llega y toca las puertas del corazón de alguien.
Cuando ocurre esto, la persona tiene que tomar una decisión radical: actuar dando pasos de fe y creer en las promesas del Señor o renunciar a la fe y esconderse en la cueva del escepticismo, criticando y burlándose de todo lo que esté relacionado con Jesucristo.
Recuerda las palabras del apóstol Pablo cuando dijo que "nada nos podrá separar del amor de Cristo"; lo único que nos podrá separar es un corazón donde ha entrado la incredulidad.
Te invito para que digas la oración de aquel hombre que llevó a su hijo a Jesús para que fuera liberado del espíritu endemoniado. Jesús le preguntó si creía que su hijo podría ser sanado y él le respondió: "Creo, ayuda mi incredulidad." Soy tu amigo y hermano
Eduardo Rodríguez.😇
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