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Colosenses 4:1‭‭-‬12 RVA2015

“Amos, hagan lo que es justo y equitativo con sus siervos, sabiendo que también tienen un amo en los cielos. Perseveren siempre en la oración, vigilando en ella con acción de gracias. A la vez, oren también por nosotros a fin de que el Señor nos abra una puerta para la palabra para comunicar el misterio de Cristo, por lo cual estoy aún preso. Oren para que yo lo presente con claridad, como me es preciso hablar. Anden sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
Que la palabra de ustedes sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo les conviene responder a cada uno. Todos mis asuntos se los hará saber Tíquico, hermano amado, fiel ministro y consiervo en el Señor. Lo envío a ustedes con este fin: para que conozcan nuestros asuntos y para que él anime sus corazones. Lo envío con Onésimo, el fiel y amado hermano, quien es uno de ustedes. Ellos les informarán de todo lo que pasa aquí. Los saludan Aristarco, prisionero conmigo; Marcos, el primo de Bernabé (ya han recibido instrucciones acerca de él; si va a ustedes, recíbanle) y Jesús, llamado Justo. Ellos son los únicos de la circuncisión que son colaboradores conmigo en el reino de Dios y que me han servido de consuelo. Los saluda Epafras, quien es uno de ustedes, siervo de Cristo, siempre solícito por ustedes en oración, para que estén firmes como hombres maduros y completamente entregados a toda la voluntad de Dios.”

El apóstol escribió tantas cosas importantes para el crecimiento y madurez espiritual que él mismo les recomienda compartir esta carta con otras iglesias. Al parecer Pablo escribió otras cartas pero que no fueron preservadas, mas Dios en su soberanía y misericordia permitió que estas cartas que estamos estudiando fueran conservadas para nuestro beneficio espiritual.
Les recuerdo el valor de cada una de ellas. Atesoremos estas cartas que fueron escritas y copiadas a mano, compartidas muchas veces a escondidas en medio de la persecución donde eran encarcelados y hasta torturados si eran encontrados con ellas. Muchos esperaban con muchas ansias que llegaran a sus congregaciones para escuchar las palabras de animo y fortaleza en medio de los ataques y menosprecios que sufrian por ser cristianos, y memorizaban toda la carta para poder compartir estas enseñanzas al pie de la letra a muchos, pues no existían maquinas fotocopiadoras ni imprentas, pero el fervor de transmitir el conocimiento de Dios por medio de las cartas de los apóstoles permitia que se esparciera la palabra de Dios de persona a persona.

Una de los consejos que atesoro de esta carta es la de salar nuestras palabras! Es decir, que cuidemos la forma en que hablamos, que sea atractiva y con gracia nuestras palabras. Es necesario transmitir las enseñanzas del Senor Jesucristo, de forma que el oyente sienta placer y gusto al oír la palabra de Dios. Muchos que dicen ser predicadores o que hablan de Dios a la gente lo hacen de forma autoritativa, enviando a todo el mundo al infierno sin compasión y con arrogancia, solo para sentirse superiores y con conocimiento. Aun para hablar de temas tan directos sobre la salvación y condenación, se debe hacer con compasión y gracia, para que el oyente esté atento a la palabra y pueda recibir el mensaje de salvación. La sal es para sazonar. No es endulzar el mensaje, tratando de evadir la verdad de Dios, temiendo ofender, al oyente, sino el encontrar las palabras adecuadas para que el oyente sepa de Dios habla por medio de sus hijos, y comprendan que Dios no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Apliquemos este principio de salar nuestras palabras en nuestro hogar. Hablemos de tal forma que de gusto escuchar sus consejos y aun las palabras de reprensión. Que tu pareja sienta que tus palabras están cargadas con sinceridad, compasión, y a la misma vez con firmeza y con convicción firme.
Soy tu amigo Eduardo Rodriguez. Que el Señor escuche tu oración y te dé la habilidad de sazonar


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