Juan 1 RVA2015:
9 Aquel era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo. 10 En el mundo estaba y el mundo fue hecho por medio de él, pero el mundo no lo conoció. 11 A lo suyo vino pero los suyos no lo recibieron. 12 Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios, 13 los cuales nacieron no de sangre ni de la voluntad de la carne ni de la voluntad de varón sino de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dio testimonio de él y proclamó diciendo: “Este es aquel de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser antes de mí porque era primero que yo”. 16 Porque de su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia sobre gracia. 17 La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie lo ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.
29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: —¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! 30 Este es aquel de quien dije: “Después de mí viene un hombre que ha llegado a ser antes de mí porque era primero que yo”.
El evangelio de Juan se dedica a mostrarnos la grandeza que hay en la gracia de Dios. Es bien conocido en los judíos el propósito de la ley que es el deber de practicar al pie de la letra los mandamientos y también dejar en claro los procesos de purificación, pues es imposible no quebrantar alguno de ellos.
Continuamente necesitaban realizar sacrificios, ofrendas y rituales, y tenían que hacerlo día y noche, prácticamente todos los días, porque no podían borrar permanentemente los pecados del pueblo.
Pero ahora vemos como Juan el Bautista introdujo a Jesús como el Cordero que quita los pecados del mundo. Jesús era ese sacrificio tan grande que iba a ser suficiente para siempre y solamente había que ir a Jesús para hallar la gracia y el perdón de pecados.
Mientras que la ley de Moisés recalca qué tan pecadores somos y la necesidad de continuamente estar en un estado de penitencia, la ley de Cristo ofrece una nueva oportunidad para comenzar otra vez. Nos abre la oportunidad para tener una relación directa con Dios. Sin intermediarios ni continuos sacrificios, sino que ahora podemos entrar a Su presencia directamente y el único sacrificio es nuestra propia voluntad y nuestras vidas, ya que Jesús pagó el precio por nosotros y todavía ese sacrificio está vivo para todo aquel que quiera recibir el perdón de sus pecados y comenzar una nueva vida bajo la voluntad de Dios.
En el libro de Lamentaciones 3:22-23 dice:Por la bondad del SEÑOR es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Su gracia es continua, no se acaba. Es como abrir la puerta todos los días en la mañana y ver un paquete en tu puerta que contiene lo que vas a necesitar para sobrellevar ese día en victoria. Ese es Cristo. Cada día puedes refugiarte en Su gracia, disfrutar y aprovechar que estamos en este tiempo de abundancia.
La sangre de Jesucristo todavía limpia los pecados. Todavía la luz alumbra aquellos que quieran vivir y caminar con libertad, libres de culpabilidades y remordimientos.
¿Qué estás esperando? Ya no vivas más en temores y acércate hoy más al Señor. Sin miedo y con confianza.
Soy tu amigo Eduardo Rodríguez y no olvides leer todo el capítulo completo. Producción: PODERcaster Studio
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