Juan 2 RVA2015:
16 A los que vendían palomas les dijo: —¡Quiten de aquí estas cosas y no hagan más de la casa de mi Padre casa de mercado!
17 Entonces se acordaron sus discípulos de que estaba escrito: El celo por tu casa me consumirá.
18 Los judíos respondieron y le dijeron: —Ya que haces estas cosas, ¿qué señal nos muestras?
19 Respondió Jesús y les dijo: —Destruyan este templo y en tres días lo levantaré.
20 Por tanto, los judíos dijeron: —Durante cuarenta y seis años se construyó este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días?
21 Pero él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Por esto, cuando fue resucitado de entre los muertos sus discípulos se acordaron de que había dicho esto y creyeron la Escritura y las palabras que Jesús había dicho.
El libro de Juan no solamente nos muestra el amor de Dios y detalles que en los otros evangelios no están. Al parecer, Juan fue escrito después de los otros tres, entonces Juan se encarga de darnos otros detalles. El libro de Juan se enfoca mucho en la vida de Jesús en Jerusalén y también se encarga de mostrarnos cómo la gloria de Dios estaba depositada en Jesucristo. Por eso en el capítulo 1 dice: “vimos su gloria”. Uno de esos eventos fue cuando el Señor Jesús sacó a los cambistas del templo y les dijo que la única señal que les daría era que derribaran el templo y en tres días Él lo levantará. Jesús estaba hablando del templo de su cuerpo. Es maravilloso pensar que así como el Dios del Antiguo Testamento se manifestó en columna de nube y de fuego en el tiempo de Moisés y de Salomón, como una señal visible al pueblo de Israel de que Él es un Dios vivo, de la misma forma vemos ahora el templo donde el poder de Dios se manifiesta pero es un templo movible. El templo iba por las calles llevando el poder de Dios, sanando enfermos y perdonando pecados. Cuando el cuerpo de Cristo fue crucificado en la cruz y murió, al instante y en el mismo momento, el velo del templo que separaba la presencia de Dios con la humanidad se rasgó de arriba abajo, en señal de que ahora la presencia de Dios estaba al alcance de todo ser humano que se acerque a Jesús con fe y con un corazón sincero.
Cuando aceptamos a Jesucristo, nosotros nos convertimos en templos movibles. Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, llevamos a Jesús en nuestro interior, y repartimos la paz de Dios adondequiera que vamos.
Por eso el consejo de hoy es que si eres un joven, no vayas a contaminar el templo con fornicación, odio, enemistades, etc. Si estás casado(a), guarda tu templo; recuerda que cuando te unes a tu esposo o esposa son un solo templo para Dios, así que guardenlo del adulterio, resentimiento, enemistades y todas las cosas malas que contaminan el templo y apagan la presencia de Dios.
Pablo escribió a la iglesia en Corinto:
1 Corintios 6:17-20: Pero el que se une con el Señor, un solo espíritu es. Huyan de la inmoralidad sexual. Cualquier otro pecado que el hombre cometa está fuera del cuerpo, pero el inmoral sexual peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en ustedes, el cual tienen de Dios, y que no son de ustedes? Pues han sido comprados por precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo.
Sí, Dios está en los cielos, también su presencia está en la tierra. Dios llena los cielos y la tierra, y también está en los corazones de muchos para que Él pueda manifestar su poder por medio de los que somos un templo para Dios.
Pablo volvió a escribirle en una segunda carta a los corintios:
2 Corintios 6:16: ¿Qué acuerdo puede haber entre un templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Consideremos:
¿Tienes a Jesús en tu corazón? ¿Estás cuidando el templo de Dios que es tu cuerpo?
Que el Señor escuche tu oración y te santifique en este día.
Soy tu amigo Eduardo Rodriguez y no olvides leer el capítulo completo y compartir este mensaje.
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