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Juan 8:
31 Por tanto, Jesús decía a los judíos que habían creído en él: —Si ustedes permanecen en mi palabra serán verdaderamente mis discípulos; 32 y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.
33 Le respondieron: —Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Llegarán a ser libres”?
34 Jesús les respondió: —De cierto, de cierto les digo que todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado. 35 El esclavo no permanece en la casa para siempre; el Hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo los hace libres, serán verdaderamente libres. 37 Sé que son descendientes de Abraham; no obstante, procuran matarme porque mi palabra no tiene cabida en ustedes.

Los judíos en ese tiempo se sentían orgullosos por ser escogidos como el pueblo de Dios y por ser descendientes de Abraham. También tenían la ley de Dios que Dios le reveló a Moisés en el monte donde Dios se manifestó con fuego. Más sin embargo, Jesús los confronta, especialmente aquellos que eran parte de la élite de los grupos religiosos de los fariseos, saduceos y los intérpretes de la ley, Él les dijo que ellos son pecadores. Él usa la analogía de la persona que es esclava, que el que practica el pecado es esclavo del pecado. A veces caemos en hábitos que no le agradan a Dios y pensamos que algún día lo vamos a cortar. Lo que empieza como una simple curiosidad, se convierte en algo dañino para nuestras vidas. Estorba nuestra relación con Dios, no importa la membresía que tengamos en alguna iglesia o congregación cristiana, eso no significa que seamos verdaderamente libres.
Tengamos cuidado de volver a la esclavitud, después de haber sido liberados por el sacrificio de Jesús. Por eso Él se llama el Redentor, porque es el que compra la libertad de un esclavo para después dejarlo libre.
Vive tu juventud libre de malos hábitos que desagradan a Dios. Que en tu matrimonio reine la paz y la libertad, y no la oscuridad y perturbación de cargas pesadas de maldad.
¿Cómo hacerlo? Conociendo la verdad.
Jesucristo es la verdad y cuando reconocemos eso que nos tiene atado, Jesús comienza a obrar en nosotros y darnos la libertad.
En este capítulo, en los primeros versos leemos la historia de la mujer adúltera. Observamos que Jesús le dijo a la mujer que fue sorprendida en adulterio: "¿Dónde están los que te acusaban?¿Ninguno te ha condenado?" Ella contestó: "Ninguno, Señor." Jesús le respondió: “Ni yo te condeno; vete y no peques más.” Ella reconoció delante de Jesús su falta y de este evento aprendemos que todos somos pecadores pero que Jesús nos da una nueva oportunidad para comenzar de nuevo y no volver a caer en el pecado. Los fariseos querían que ella muriera, pero Jesús le dio libertad.

Sigamos el consejo que dio el apóstol Pablo a la iglesia en la ciudad de Galacia: Estén, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se pongan otra vez bajo el yugo de la esclavitud. (Gálatas 5:1).

Consideremos:
¿Estamos practicando un cristianismo pero bajo cadenas de esclavitud del pecado?
Si es así, ¿está dispuesto a dejar esos malos hábitos y vivir con libertad en Cristo Jesús el día de hoy?

Soy tu amigo Eduardo Rodríguez. No olvides leer el capítulo completamente.
Mi deseo es que el Señor Jesús escuche tu oración y rompa las cadenas del pecado el día de hoy.


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