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Juan 12:
20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. 21 Ellos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban diciendo: —Señor, quisiéramos ver a Jesús.
22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés. Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. 23 Y Jesús les respondió diciendo: —Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 De cierto, de cierto les digo que a menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo, pero si muere lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida la pierde; pero el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. ==→

Vamos a mirar una parte muy importante en la vida del cristiano, de aquel que quiere vivir una vida transformada en Dios con madurez y firmeza. Como seres humanos tenemos nuestra naturaleza terrenal que está acostumbrada al pecado; pero cuando venimos ante Dios, renacemos a una vida nueva y comenzamos a crecer y alimentar nuestra vida espiritual.
Como creyentes, siempre nos vamos a encontrar en un punto crucial donde tenemos que hacer morir ciertas áreas de nuestras vidas, que todavía traen esa naturaleza terrenal; pues para poder crecer en el espíritu debemos hacerla morir.
Debemos hacer morir la inconstancia; lo que la Biblia llama "una persona de doble ánimo".
Tenemos que hacer morir los malos hábitos que nos estorban para tener una vida espiritual más transparente y verdadera, que nos impulsan a vivir una doble vida, que nos convierten en una persona en la iglesia y otra en el trabajo o en la escuela; lo que la Biblia llama “hipocresía".
Tenemos que hacer morir el “yo”, el egocentrismo, el buscar mi propio beneficio y placer; lo que la Biblia denomina como "sabio en tu propia opinión".
Esa fue la razón por la cual Jesucristo entendió que debía morir primero Él y entregarlo todo porque de esa manera iba a conquistar la muerte, el pecado y el mismo infierno para darnos la libertad a nosotros.
Ayer mi hija me preguntó: “Papi, ¿qué es paradoja?” El ejemplo que le di fue el de Jesús, Aquel que tuvo que morir para darnos vida eterna.
Por eso el Señor dice que el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Él, la salvará.
Esto no solamente habla de aquellos que mueren como mártires por causa del evangelio, sabiendo que ellos obtendrían vida eterna, también nos dice que hagamos morir esas cosas malas que en nuestra vida tanto se pegan y nos estorban para conocer y acercarnos más a Dios. Tal vez te va a doler cambiar de hábitos, de amistades que te dan malos consejos, de una relación amorosa que no te conviene, de la mala manera de pensar. Pasar por el dolor y sufrimiento es necesario como pasar por el quirófano para que ese tumor sea removido y poder estar sanos.
No temas morir para poder vivir para Dios.
Sigamos el consejo del apóstol Pablo en Colosenses 3:4-10: Y cuando se manifieste Cristo, la vida de ustedes, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria. Por lo tanto, hagan morir lo terrenal en sus miembros: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría. A causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los rebeldes. En ellas anduvieron también ustedes en otro tiempo cuando vivían entre ellos. Pero ahora, dejen también todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia y palabras groseras de su boca. No se mientan los unos a los otros; porque se han despojado del viejo hombre con sus prácticas y se han vestido del nuevo, el cual se renueva para un pleno conocimiento conforme a la imagen de aquel que lo creó.

Consideremos.
¿Te estás aferrando a algo o a alguien que no te deja dar el paso de fe y entregarte más a Dios?

Que el Señor escuche tu oración y te dé las fuerzas para hacer morir las cosas terrenales y así obtener las celestiales.
Soy tu amigo Eduardo Rodríguez, no olvides leer todo el capitulo completo y compartir este episodio.


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