Juan 19:19 Pilato escribió y puso sobre la cruz un letrero en el cual fue escrito: JESÚS DE NAZARET, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Entonces muchos de los judíos leyeron este letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad y el letrero estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. 21 Los principales sacerdotes de los judíos le decían a Pilato: —No escribas: “Rey de los judíos” sino: “Este dijo: ‘Soy rey de los judíos’ ”.
22 Pilato respondió: —Lo que he escrito, he escrito.
23 Cuando los soldados crucificaron a Jesús tomaron los vestidos de él e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Además, tomaron la túnica pero la túnica no tenía costura; era tejida entera de arriba abajo. 24 Por esto se dijeron uno al otro: —No la partamos; más bien echemos suertes sobre ella para ver de quién será.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: Repartieron entre sí mis vestidos y sobre mi vestidura echaron suertes.
Y así lo hicieron los soldados.
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofas y María Magdalena. 26 Cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien amaba de pie junto a ella, dijo a su madre: —Mujer, he ahí tu hijo.
27 Después dijo al discípulo: —He ahí tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
Hay muchas reflexiones que puedo sacar de este capítulo pero como este es un devocional enfocado a las familias, debo decir que la reflexión perfecta está en la acción que Jesús tomó minutos antes de morir.
Jesús ya estaba crucificado en la cruz. Estaba derramando cada gota de sangre que salía de sus heridas, y los pecados del mundo estaban siendo limpiados. Pero en medio del dolor y el sufrimiento, Jesús hace una acción muy importante que todos debemos de hacer y es cuidar de nuestros padres.
Usualmente el hijo debe de cuidar a sus padres cuando ya están ancianos y velar por el bienestar de ellos pero en este caso, Jesús era el que ya estaba a punto de morir y sin embargo, estando crucificado en la cruz, le confía el bienestar de Su madre a uno de Sus más cercanos discípulos, el apóstol Juan, y le dice a María que ahora mire a Juan como su hijo. Me emocionó leer la frase que dice que inmediatamente Juan tomó a María bajo su cuidado.
Vale la pena notar el gran amigo que fue Juan, aquel que se recostaba en el pecho del Señor en la última cena; que su vida, su temperamento y su carácter fue transformada. Ahora lo vemos aceptando el compromiso que Jesús le encomendó.
La Biblia dice que debemos cuidar de nuestros padres pues seremos peor que un incrédulo si no lo hacemos: "Si alguien no tiene cuidado de los suyos, y especialmente de los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo." (1 Timoteo 5:8).
Así que honremos a nuestros padres, pues si lo hacemos tendremos recompensa de Dios, que son larga vida y bendiciones: "Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. 2 Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), 3 para que te vaya bien y vivas largo tiempo sobre la tierra." (Efesios 6:1-3).
Jesús respetó a Sus padres desde que era pequeño y se sometió a ellos. Aún cuando empezó Su ministerio y Su familia no lo apoyaba, Él seguía respetándolos.
Y en el momento de Su muerte, Jesús se encargó de que Su madre no se quedara sola, especialmente en ese momento de luto y de confusión que vendrían en los siguientes días. A pesar de que Jesús resucitaría al tercer día, Su tiempo sería corto en la tierra, pues volvería a Su gloria, al cielo, y María como madre sentiría la ausencia física de su Hijo Jesucristo. ¡Qué bueno que ese vacío en el núcleo familiar fue llenado por Juan!
Reflexionemos: ¿Cómo estamos tratando a nuestros padres? ¿Están pasando necesidad?
¿Los estamos honrando, cuidándolos?
Soy tu amigo Eduardo Rodríguez. Termina de leer el capítulo completo y que el Señor te dé sabiduría, muchas bendiciones y larga vida.
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