Lucas 18:
1 Les refirió también una parábola acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar. 2 Les dijo: “En cierta ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba al hombre. 3 Había también en aquella ciudad una viuda la cual venía a él diciendo: ‘Hazme justicia contra mi adversario’. 4 Él no quiso por algún tiempo pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque ni temo a Dios ni respeto al hombre, 5 le haré justicia a esta viuda porque no me deja de molestar; para que no venga continuamente a cansarme’”.
6 Entonces dijo el Señor: “Oigan lo que dice el juez injusto. 7 ¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a él de día y de noche? ¿Les hará esperar? 8 Les digo que los defenderá pronto. Sin embargo, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”.
Esta historia nos enseña la importancia de la oración pero la oración que es perseverante, continua, la que se hace de día y de noche.
No es que el Señor sea un Dios injusto sino que este ejemplo de un evento terrenal que sucede muchas veces cuando una persona en autoridad es negligente con su labor, más sin embargo cuando hay una persona insistente hace que ese corazón duro se doblegue, pues no es un corazón que le gusta ayudar a la gente sino que es doblegado y perturbado por la insistencia.
Por eso el Señor dice que si una persona que es mala e injusta puede escuchar la petición de una persona que ni le importa ni le interesa ayudar, cuanto más el Dios justo y amoroso no va a escuchar la oración de sus hijos.
Pero no debemos olvidar el ingrediente principal de esa oración insistente y constante que es la fe. No pedir dudando, no haber oraciones repetitivas perdiendo el propósito y la intención.
Si tu esposo o tu esposa no son creyentes, sigue orando por él o ella y vas a ver que el Señor va a ablandar su corazón.
Si estás sufriendo una injusticia en tu lugar de trabajo, ora por tu jefe y tus compañeros de trabajo y vas a ver cómo Dios pone una gracia especial sobre ti, o Dios los reprende y les da entender que están siendo injustos contigo, pero cuando ores no pidas castigo o deseándoles el mal. Examina tu corazón primero, que esté limpio y haciendo justicia, que no esté guardando resentimientos, porque de lo contrario, así Dios no puede escuchar tu oración. Una oración de un corazón humilde y que cree, el Señor la escucha.
Consideremos:
¿Me desanimo muy rápido y me desespero cuando no veo mi oración contestada?
¿Estoy guardando mi corazón de incredulidad, y más bien me sostengo creyendo en el Señor?
Que el Señor escuche tu oración llena de fe en este día.
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