Lucas 23:
26 Y ellos, al llevarle, tomaron a un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. 27 Lo seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, las cuales lloraban y se lamentaban por él.
Esta es la parte dura de los evangelios, cuando nos describen todo el padecimiento y el sufrimiento que Jesús tuvo que pasar por causa del pecado de nosotros.
Era inevitable para Él pasar por esa copa pero el Señor la bebió con valentía, sabiendo que al final, todo esto sería el camino para atraernos hacia Él otra vez.
Es curioso que los primeros tres evangelios: Mateo, Marcos y Lucas, nos cuentan brevemente ese momento cuando Jesús cayó llevando Su cruz, y los soldados romanos obligaron a alguien que ayudara a Jesús. Este personaje se llama Simón de Cirene y no sabemos mucho de él, solamente que era oriundo de Cirene, una ciudad en el norte de África que actualmente es Libia. Y Marcos recalca que él era el padre de Alejandro y de Rufo.
Al parecer eran dos hombres conocidos para los discípulos y posiblemente fueron parte de la iglesia, ya que Marcos los recalca con importancia.
La enseñanza de hoy es que muchos somos como Simón, tal vez venimos cansados del trabajo, ya que la Biblia recalca que él venía del campo de trabajar, pero en ese momento, al final del día, cuando uno quiere descansar, se presenta la oportunidad de ayudar a alguien y al momento en que ayudamos a alguien nuestras vidas son transformadas porque la satisfacción de ayudar y ser apoyo a alguien es una experiencia muy especial. Además, esa persona después se convierte en alguien importante en nuestras vidas y que posiblemente van a ser de gran apoyo para nosotros más adelante.
Simón de Cirene ayudó a Jesús a llevar Su cruz, que era una cruz de madera física pero espiritualmente llevaba los pecados del mundo. Simón sintió el peso del madero, escuchó los insultos, los gemidos de los que lloraban y los quejidos de Jesús por el cansancio y el dolor.
Según los historiadores, la vida de Simón no fue igual después de ese evento, y yo pienso lo mismo. Tal vez al sentir la carga tan pesada que llevaba Jesús y después escuchar el mensaje de Jesús que Él llevó los pecados del mundo, Simón tuvo una pequeña prueba de lo que era cargar con una cruz pesada. Tal vez se sorprendió cuando vio que Aquel que fue crucificado con el título “el Rey de los judíos” tuvo que ser ayudado por un campesino. Tal vez miró la vulnerabilidad de Jesús y vio que se rebajó hasta lo más bajo en esta tierra para subirnos a Su presencia.
Sólo puedo imaginarme el impacto de Simón de Cirene al mirar los ojos de Jesús, tal vez con ojos cansados pero firmes en lo que estaba haciendo. Tal vez Jesús no dijo nada pero con su mirada le agradeció.
Y es que cuando ayudamos a alguien, esa persona queda inmensamente agradecida, y nuestra acción de apoyar con corazón sincero es señal de amor y de aprecio.
Pablo nos exhorta a que llevemos las cargas los unos a los otros y de esa manera cumplimos la ley de Cristo.
Gálatas 6:1-2: Hermanos, en caso de que alguien se encuentre enredado en alguna transgresión, ustedes que son espirituales restauren al tal con espíritu de mansedumbre, considerándose a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrelleven los unos las cargas de los otros y de esta manera cumplirán la ley de Cristo.
El Señor nos recuerda hoy que debemos de soportarnos unos a otros, ayudarnos unos a otros, llorar con los que lloran, reír con los que ríen, darle la mano al caído, ser un apoyo en vez de ser una carga a mi hermano.Recuerda que tu familia también son hijos de Dios y son tus hermanos en Cristo: tu pareja, tus hijos, tus padres, etc. Debemos llevar nuestras cargas de esa manera, con respeto y con compasión, sabiendo que nosotros también tenemos debilidades y nos vamos a necesitar los unos a los otros para poder sobrepasar nuestra propia cruz.
Soy tu amigo Eduardo Rodríguez, no olvides leer todo el capítulo completo y compartir esto
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